Poe para chonis – El cuervo: ni de Blas

por Alicia Pérez Gil

FEAT-ESCRIBIR

Edgar Allan Poe
(Boston, 1809 – Baltimore, 1849)

Alicia Pérez Gil
(Unos años después)

Hace ya, a eso de las 00:00 en reloj digital,

a la que, hecho un asco, le daba vueltas a la mocha,

con un libraco raro abierto, que no leía ni de coña

porque se me cerraban los ojos,

oí de repente un golpe

como si a alguien le hubiera dao

por picar en la puerta de mi cuarto.

“Bah —me dije— será un pesao

que pica en la puerta de mi cuarto.

No pasa nada, man”.

¡De lo que se acuerda uno!

De eso y del frío que hacía

por no pagar la factura del gas

ni de la luz, que andaba con velas

y tenía ganas ya de que saliera el sol;

que no podía ni dormir

y casi leo un poco ¡Puaj!

No podía dormir por lo de la Vane,

la tía que me tenía enchochao,

y que se había muerto para siempre

Con la cosa del insomnio, los ruidos de la casa,

la tarima flotante, que crujía, y las tuberías,

me ponían de los nervios;

cosa rara en mí, ahora que lo pienso.

Total que me levanté

y dije para mis adentros:

“Es alguien que llega tarde

a darme el pésame, o algo.

No pasa nada, man.”

Con eso me animé bastante

para decir en voz alta:

“Eh, colega, perdona tío,

que me has pillado medio KO

cuando has picado a la puerta.

Ya sabes, a la puerta de mi cuarto,

y me he creído que era un sueño.”

Entonces abrí la puerta y me encontré

oscuridad y punto, man.
Me quedé mirando pa lo negro

más tieso y alucinao que toa las cosas.

Se me iba la cabeza totalmente

con unas ideas que mejor no acordarme.

Y había un silencio como de tumba

en el que se oía una palabra sola,

una cosa como murmurada: “¿La Vane?”

Me salió soltarlo y fue el capullo el eco

y dijo lo mismo,  pero en más bajo: “¡La Vane!”

Solo dijo eso, man.

Me volví a mi cuarto con mu mal rollo

con un yuyu mu chungo, la verdad,

y con las mismas picaron otra vez, pero más fuerte.

“Joder —me dije— joder,

aquí pasa algo.

Me voy a acercar

a ver si me entero.

Pero rimero mejor me tranquilizo un poco

Porque si no, no va a haber manera.”

¡No pasa nada, man!

Le di una hostia a la puerta

y, medio flotando, yo flipaba,

entró volando un cuervo de la leche,

de los que ya no se ven.

Pasó de mi como de comer

Mierda- perro envenenada

y en plan chulo- playa

se puso encima- una fofucha de goma Eva

que me había hecho la Vane.

Allí se quedó quieto ¿Qué no, man?

Pero bueno, al final

me hizo gracia el bicho

todo tieso y serio en plan

pecho palomo

“Mira que tienes mala pinta —le dije—,

pero le echas huevos

y un poco de miedo sí que das.

A ver ¿cómo te llamas, plumífero?”

Y va y me suelta: “Ni de Blas.”

Me dejó de piedra que un pajarraco de esos

hablase mejor que algún amigo mío;

aunque lo que dijo no fuera mucha cosa.

Porque, si lo piensas bien,

fijo que nadie se ha visto en las mismas:

un pájaro parado en una fofucha,

pájaro o lo que fuera, en el adorno ese

que me regaló mi novia muerta,

con semejante nombre: “Ni de Blas.”

Pero el Cuervo, allí quieto encima-la fofucha

lo había dicho con toda la intención

totalmente a propósito.

Ni una palabra soltó después,

no agitó ni media pluma

y me dije a mí mismo por lo bajini:

“No será este el primero

que como ha venido se vaya;

fijo que mañana se pira volando

y me deja más solo que la una.”

Y va el pájaro y casca: “Ni de Blas.”

Helado me quedé de lo a tiempo

Que le quedó la frasecita

“Va a ser —me dije— que solo sabe

decir eso.  Vaya truquito  que le enseñó

algún barraquero gafe que se pasó la vida

huyendo de la mala suerte

hasta que por fin tuvo sentido,

tanto repetir a todas horas

‘Nunca, ni de Blas’.

Se me salía una sonrisilla

haciéndome a la idea

en lo que acercaba una silla

al bicho, la fofucha y la puerta;

Allí sentado se me fue la olla,

me lié a inventar lo que le habría pasao al pollo

y por qué el bicho feo,

porque era feo, viejo y flaco de fliparlo

Decía todo el rato “Ni de Blas.”

En esas me andaba, to callao en el asiento

delante del buitre ese de ojos negros

que parecía que me echara mal de ojo.

Y pensando que si esto que si aquello,

se me resbalaba el culo de la silla

sin cojín, ni manta ni nada,

alumbrao por una vela gurrumía

que la Vane no cambiaría ¡ay! ¡Ni de Blas!

Me dio entonces que el aire

se volvía como gordo y agobiante

como si se metiera en el ascensor una vieja

que se hubiera duchao en perfume.

“¡Gilipollas —dije— al menos así te distraes

Y te dejas de chorradas de la Vane!

Céntrate en lo que sea

Y olvídate de la Vane, que está muerta

Y el Cuervo dijo: “Ni de Blas.”

“¡Vidente!” —grité—, ¡bicho embrujado!

¡Adivino! ¡suéltalo ya!

Me da igual quién te mande

O si has llegado aquí de pura suerte,

Pero yo estoy empanadísimo y no levanto cabeza.

A ver, San Cuervo, por tus muertos

¿Ha ido la Vane al cielo de los pibones?”

Y el cuervo dijo: “Ni de Blas.”

“¡Vidente!” —grité—, ¡bicho embrujado!

¡Adivino, seas lo que seas,  hombre ya!

¡No me toques los cojones que no son horas

Y dime de una vez, que estoy to loco,  si cuando me muera

me encontraré otra vez con mi churri,

¡con la tía más cachonda, con la Vane!”

Y el cuervo dijo: “Ni de Blas.”

“Bueno, vale, empezaremos por ahí

y luego ya vamos regateando —le dije en plan chulito.

Si no con las mismas te me piras

¡Y aquí no me dejas ni una pluma

mentiroso de mierda, cabronazo

estafador!

Me vas dejando en paz

y te quitas de la fofucha pero ya

que me da hasta  asco verte.

Y el Cuervo dijo: “Ni de Blas.”

¿Me has hecho caso tú? Pues el Cuervo tampoco.

Ahí sigue, ahí sigue el hijo puta

Encima-la fofucha

al lado de la puerta de mi cuarto.

Y tiene toda la pinta de no ir a moverse ni de coña.

Además, la vela hace una sombra en el suelo

que me tiene como hipnotizao.

Pa mí que no me despego ¡Ni de Blas!

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