Cosas de Harry Potter V: Diagon Alley

por Alicia Pérez Gil

HARRY-POTER-FEATCapítulo V: DIagon Alley: Donde Harry Potter reafirma su relación con Hagrid, conoce al personaje cambiante más desperdiciado de la historia de la literatura, se desvela su nexo de unión con Voldemort. Donde, además, la trama del primer libro asoma las orejitas y afloran imprecisiones innecesarias que debilitan la verosimilitud de la saga.

Harry despierta en el suelo de la cabaña creyendo que todo lo sucedido había sido un sueño, pero no. Hagrid sigue ahí mientras que no sabemos que ha sido de los Dursley. En poco menos de dos párrafos recibimos cierta información que resulta ser un tanto elástica:

  • Hagrid no puede hacer magia ahora que ha encontrado a Harry.
  • Pero incumple esa norma
  • Y Harry se hace cómplice de la infracción, estrechando así los lazos con el guardián de las llaves. En el futuro hará lo posible por salvarle de determinados rumores y peligros cuando Dumbledore parezca ajeno a todo ello. Dumbledore de quien, repito, poco bueno tengo que decir.

Llegamos al Caldero Chorreante, un pub inglés frecuentado por viejecitas que toman el té, brujos y profesores de Howarts. Aquí se revela la presencia de Harry Potter y conocemos al Profesor Quirrell, un pobre hombre tartamudo con pinta apocada y asustado de los vampiros. Una se pregunta desde el primer momento por qué demonios pasó la entrevista de selección un tío de quien se dice que era una lumbrera hasta que tuvo el encontronazo con el chupasangre. Una se pregunta si Defensa Contra las Artes Oscuras no es una materia lo suficientemente importante. Una se pregunta.

La cuestión es que no se da ninguna pista que haga pensar que Quirrell no es exactamente lo que parece. Además pasa desapercibido en el tumulto de saludos. Bien. Correcto.

Harry Potter, que nunca había estado en Londres pero conoce el funcionamiento del metro, entra entonces en Diagon Alley. He leído y releído el pasaje y debo decir que la descripción es muy escueta. Como también he ESTADO en Diagon Alley, diré también que los señores de decorados de Warner Bross hicieron un trabajo magnífico con las pocas palabras que la Rowling le dedica a esta calle. Es difícil imaginar de manera diferente algo que has visto, pero creo que una parte importante del éxito del Diagon Alley se deriva del uso de lugares comunes: el empedrado de la calle, los edificios de dos pisos, los atuendos mágicos. Nada de todo eso es original y, al mismo tiempo, todo el mundo tiene una imagen propia de ese tipo de paisaje urbano a medias medieval, a medias contemporáneo. Y este es el motivo del éxito de la serie: haber traído a la actualidad elementos de historias fantásticas que suelen suceder en un pasado remoto. Y hacerlo de modo razonablemente verosímil.

A continuación conocemos Gringotts, el banco de los nomos. Un sitio seguro y peligroso a prueba de ladrones. Oh, well… De todas maneras la visita al banco sirve para dos cosas: que sepamos que Harry es rico y que sospechemos de Dumbledore. Porque ¿no le ha dado instrucciones a Hagrid de que lo de recuperar el contenido de la cámara era secreto y confidencial y asuntos de Howarts? ¿No lo ha hecho? Parece que debería haberlo hecho ¿no? Al fin y al cabo Hagrid se pasará el resto de la primera novela aludiendo a  que todo es secreto y que no debe hablar de ello. No debe hablar de ello pero puede meter a Harry en la cámara y dejar que vea cómo coge el paquetito y se lo lleva… Un poco torpe. Y se podía haber solucionado dejando a Harry fuera de la cámara. No se habría perdido misterio ni habría que haber renunciado a la descripción de la puerta.  Sería algo así:

—Lo siento, Harry, pero debes quedarte aquí un momento. No te muevas si no quieres caer en el abismo.

—Nadie ha vuelto nunca de las profundidades —dijo Griphook con aire risueño y malvado.

—Enseguida volvemos.

Y así fue. En menos de lo que Harry tardó en parpadeara el gigante y el nomo estaban de nuevo a su lado subiéndose en la vagoneta.

Así Harry no sabría si Hagrid recoge o deja algo, para empezar. Y no resultaría tan dolorosamente obvio que Dumbledore se olía la maniobra de Quirrell o que es tonto. Dumbledore… De quien… Bueno, eso.

En este punto conocemos a Draco Malfoy; como decía más arriba, el personaje cambiante más desperdiciado de la historia de la literatura, un pobre diablo con aspiraciones que jamás se pone a la altura de lo que se espera de él. La descripción del chico es, como poco, histriónica. No solo es caprichoso, sino que a Harry le recuerda a su primo de manera explícita, habla con desprecio de Hagrid y se posiciona con los racistas antimuggles. Mala cosa para Draco, del que ya podemos asumir que no tendrá salvación. Aunque, si hay algo que alabarle a la autora, es la consistencia con la que trata a sus personajes.

Se menciona por primera vez el Quidditch, el juego aparentemente inofensivo sobre el que se establecerá la competencia de Harry y Draco. Al menos la competencia principal. En realidad, toda la relación de los dos cuenta con un subtexto casi más importante que la relación en sí: compiten en lo superficial, pero no tanto en lo que realmente importa. En eso, ambos son arrastrados por las circunstancias. El encuentro con Draco es, por otra parte, el primer contacto de Harry con lo más negativo del mundo mágico, un episodio que hace prever que no todo serán dulces y sonrisas.

Llegamos entonces a la tienda de Olivander, donde se revela que Harry y Voldemort están unidos por mucho más que lo que sucedió en casa de los Potter hace 11 años. Ambos usan varitas gemelas, ambos están destinados a hacer grandes cosas. Ambos, qué narices, son huérfanos y viven una vida triste. Como un reflejo distorsionado el uno del otro en un libro en que los espejos tienen cierta relevancia.

Es Olivander, al mencionar la varita de Hagrid, quien introduce de nuevo el problema del guardabosques y la magia. Aquí la Rowling tiene un pequeño lapsus: Hagrid fue expulsado de Howarts y su varita rota en dos mitades. Él la conserva y hace magia a escondidas. Pero al principio del capítulo, al decir que no podía hacer más magia una vez encontrado Harry, parece que implica que podía hacerla antes de dar con él. Y además no entiende cómo los muggles viven sin magia, de donde se deduce que él la practica. Este tipo de nimiedades resultan molestas y son innecesarias. Ojo, pequeños autores, con estas cosas J.

Como eso de que Harry no podrá realizar los hechizos de su libro hasta que no los haya estudiado a fondo pero en el capítulo siguiente Hermione Granger se presente con un Oculus reparo… No parece justo. No señor. Aunque sea una empollona que estudie por su cuenta.

EL capítulo siguiente… Que nos presenta otra incongruencia molesta…

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