Aprender a ser pequeña

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRDe pequeño –decía Bunbury- me enseñaron a querer ser mayor. De mayor voy a aprender a ser pequeña.

En el camino hacia ser mayor la soledad es habitual. Porque todos corremos hacia el mismo sitio, la mayoría sin mirar hacia los lados, la mayoría pensando que, si llegamos antes que los demás, habrá manzanas más rojas, carne más jugosa.

En el camino que lleva a volver ser pequeño la soledad es otra; una soledad atronadora, llena de los ecos de la carrera hacia la cima., repleta de espejos y bifurcaciones peligrosas en las que la elección correcta se presenta disfrazada de oscuridad mientras el error se vista con satenes y lentejuelas. Cuando llevas una vida completa deslumbrado por el brillo de la bisutería, la oscuridad se confunde con el vacío.

El camino hacia ser pequeño perdió el amarillo de las baldosas. El alicatado brillante lleva a la ciudad de Oz, a la que se acude sobre zapatos de purpurina roja en rabioso tecnicolor. Hacia el centro de uno mismo se camina descalzo, cada paso te despoja de un botón, de un lazo, o una cremallera.

El primer desgarrón, quizá al fondo del bolsillo donde guardas eso que crees más valioso que el oro o que el aire que respiras, es el que más duele. Lo coses con paciencia, tiras de la costura y te aseguras de que no cederá de nuevo. Continuas entonces tu camino y el bolsillo se vuelve a abrir, deja caer su contenido, que corre colina arriba mientras tu bajas. Repites la operación tantas veces que te parece, porque no avanzas, que no avanzas. Hasta que te das cuenta de que no necesitabas lo que había en ese bolsillo.

A partir de ese momento las pérdidas, las renuncias, te refrescan y devuelven la vida como lloviznas ligeras en verano. Pero llega un segundo momento, como llegará un tercero y un cuarto, en que te parece que te has quedado fuera de algún sitio al que creías pertenecer.

Aporrearás la puerta, te la abrirán, entrarás, respirarás aliviado y volverás a encontrarte fuera. Comerás de la galleta de crecer, beberás del frasco de encoger una vez, dos, tres, las necesarias. Las que hagan falta para darte cuenta de que si la puerta no se adapta a ti es porque no está en tu camino para que la cruces.

Todo esto lo vivirás solo porque decirles a tus amigos que sientes que el mundo funciona a la perfección pero tu estás encerrado dentro de ti mismo apenas funciona en un biopic dirigido por Oliver Stone. En los demás contextos suena soberbio y arrogante aunque te sientas mínimo.

Respiras y te dices que no pasa nada.

Que estás aprendiendo.

A ser pequeña.

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