Terrorismo y bombardeos: Europa frente a Oriente Medio

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIR¿Me parece mal que se asesine gente en París? Sí.

¿Me parece mal que se asesine gente en Siria? Sí.

¿Me parece que hay que reaccionar con bombardeos masivos a un atentado terrorista?

Aquí es donde pierdo amigos, pero es que no estoy segura.

Al fin y al cabo vivo hoy sobre los escombros de una guerra abierta y he aprendido cuáles son las consecuencias de que ambos bandos disparen. Aquí todos somos herederos de golpistas o perdedores e incluso los más racionales de nosotros conservan un poso revanchista. Es lo que veo por estas redes en las que también veo cómo se mencionan los horrores del genocidio judío cada vez que se habla de las imposiciones económicas de Ángela Merkel.

Sospecho que si se acaba con el terrorismo que ha atentado en París a golpe de bomba no se acabará con él para siempre, pero no tengo una solución mejor. Sólo tengo dudas y reflexiones.

Por ejemplo, me escama que la prensa publique escabrosas fotografías con flores y filtros anaranjados bajo titulares de los que chorrea la sangre de los parisinos muertos mientras que los bombardeos se ilustran con cazas grises sobre fondo azul y frases asépticas:

“Francia inicia una intensa ofensiva de bombardeos en el feudo del ISIS”  frente a “la mujer embarazada que se colgó de la fachada de Bataclan encuentra a su héroe”.

Son dos ejemplos no extremos que ilustran la manera en que se habla de dos acciones que comienzan con la intención de matar y terminan con resultado de muerte.

No hablo de que unos muertos sean iguales que otros ni de la justificación o no de las reacciones. Hablo de que los bombardeos sobre Siria son al fin asesinatos y de que en la prensa Siria las fotografías y titulares se parecerán más a los de nuestra prensa el día 14 que a los que vimos ayer.

Hay una línea muy fina que separa lo que es falso de lo que no queremos creer. La misma línea que separa lo que queremos creer de lo que es cierto.

Al hilo de esto que digo, que no es más que una pequeña y posiblemente superficial reflexión sobre la manipulación (de la soy la primera víctima, no me hago ilusiones), quiero hablar también del famoso filtro de Facebook y la bandera de Francia.

Yo no me la puse porque había algo en la posibilidad de ponérmela que no me gustaba. No sabía exactamente qué, pero me parecía raro.  Luego, leyendo y releyendo a los ofendidos y a quienes alertaban de la parcialidad de Facebook me di cuenta de qué era lo que no me había gustado.

Volvamos a las preguntas:

¿Creo que las personas que se colocan el filtro son tontas? No

¿Creo que son malas personas? No

¿Creo que el filtro es malo? No

Lo que sí creo es que no está bien que Facebook me ofrezca una única alternativa con la que solidarizarme. Alguien decía que lo ideal habría sido ofrecer un filtro que sobreimprimiera el símbolo de la paz. Estoy de acuerdo.

Porque a mí me da lo mismo de donde sean los muertos. A mí lo que me asusta es el odio, lo siempre quien lo siembre, porque los frutos de esas semillas son los mismos: más odio, más muertos, más gente que sufre. El domingo corrí una carrera que pasaba delante del congreso y se me ocurrió que era una buena oportunidad para sembrar el terror: atentar contra los miles de corredores. Y tuve miedo durante diez segundos. Luego seguí corriendo porque estoy preparada para pensar que no me va a tocar  a mí. Como todos.

Como quienes están seguros de que la guerra en Siria es la manera de terminar con el terror en Europa pero no se plantean que quienes pilotan los aviones son  hijos e hijas,  maridos y mujeres,  padres y  madres.

Los efectivos son personas que van a matar. Son personas que van a morir. A lo mejor esa es la manera de solucionar un problema que nació así. No lo sé. Lo que sé es que no deberíamos, ninguno de nosotros, proponer  a la ligera que algunas personas se desplacen a un lejano país para matar a otras personas con el objetivo de que no vengan  a matarnos a la puerta de casa.

 

 

 

 

 

Anuncios