Y las peores enemigas de las mujeres son…

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRCada vez que leía que las peores enemigas de las mujeres son otras mujeres me ponía enferma. La última ocasión fue anoche, echando un vistazo a comentarios de Facebook acerca del bebé de la diputada, ese que se ha hecho más famoso que el otro diputado, el imputado y eso. Alguien decía que las propias mujeres habían criticado a la diputada en cuestión. Alguien contestaba que es que las mujeres somos nuestras peores enemigas.

Hoy, porque soy de las lentas y hasta que no le doy muchas vueltas a un asunto no caigo en el motivo real que me tiene mareando la perdiz, me he dado cuenta de qué es lo que me molesta tanto de esa afirmación.

Y es que hay varias implicaciones insidiosas y muy dañinas:

  • Que todas las mujeres debemos tener los mismos intereses. Por ejemplo, todas debemos ser de izquierdas o de derechas. Todas debemos pensar lo mismo acerca de los derechos y libertades del ser humano. Porque somos mujeres. Los hombres en cambio pueden opinar una u otra cosa. Pueden ser pro aborto o pro vida, por ejemplo. Pero es que esto va mucho más allá: las madres que deciden quedarse en casa a cuidar de sus hijos ponen en entredicho la lucha feminista por la igualdad de derechos en lugar de estar ejerciendo el derecho a priorizar una opción, la maternidad, sobre otra, la vida laboral.
    • Por no meternos en terrenos demasiado escabrosos; es decir, por dejar la sangre a un lado, contestadme a esta pregunta: ¿Por qué es peor persona una mujer que dice de otra que va más cursi que un repollo con lazos que un hombre que dice que no la tocaría ni con un palo? Dejando a parte la discusión sobre el valor y la catadura moral de quienes se dedican a este tipo de juicios, que merece un amplio estudio.
  • Que cada mujer representa a todas las mujeres del mundo: cuando una mujer le tira de los pelos a otra, todas las mujeres son unas tirapelos. Cuando un hombre da una paliza a otro, es un asesino individual.
  • La exigencia de empatía de una mujer hacia otra es infinitamente superior a la exigencia de empatía de un hombre hacia una mujer. Esto quizá sea lo que más me indigna; que, dependiendo de si alguien es hombre o mujer, se le exija un grado superior o inferior de consideración, empatía, comprensión e incluso cercanía con otra persona.

Las mujeres son personas con derecho a discrepar de las opiniones y opciones de vida de otras mujeres y de otros hombres. Cuando una mujer hace o dice algo que no me gusta, tengo tanto derecho a mostrar mi opinión contraria como cuando estoy en desacuerdo con un hombre. Con la misma rotundidad y los mismos medios. Eso no me hace una enemiga de las mujeres. Como mucho me hará enemiga de esa mujer. Igual que cuando discuto con un hombre eso no me hace enemiga de los hombres. Espero.

Decir que las peores enemigas de las mujeres son las mujeres, decir que nuestra manera de competir entre nosotras es peor que la manera de competir contra hombres y peor que la manera en que los hombres compiten entre ellos es un modo de limitar nuestros derechos y nuestras libertades, una manera de limitar los recursos de que disponemos para alcanzar las metas que persiguen, desgraciadamente, tanto hombres como mujeres. Y digo por desgracia porque creo que son metas equivocadas.

Las peores enemigas de las mujeres son las estupideces, las frases hechas y las amuniciones gratuitas. Antes de repetirlas, estaría bien que les diésemos una vuelta.

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