El valor del trabajo

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRHola, soy Alicia y:

A.- Trabajo por cuenta ajena

B.- A veces escribo

En esta segunda faceta de mi trabajo, escribo este blog al que se puede acceder de forma gratuita, cuelgo algún contenido en Wattpad, que es de acceso gratuito, me piden textos algunas plataformas y los entrego de manera gratuita, publico mi obra en Lektu en la modalidad “paga si te gusta” y colaboro a fondo perdido con quien me apetece. Forma parte de mi ideología, de la que no es momento de hablar porque ya lo he hecho en otros lugares.

Como trabajadora por cuenta ajena, cobro en este momento 4.000€ menos al año que hace tres años y la verdad es que tendrían que ofrecerme mucho dinero y muy buenas condiciones para que dejara mi puesto.

Por otra parte, es raro que llegue bien a fin de mes, hago malabares para pagar facturas y por lo general me retraso en alguna. Hasta el momento siempre he pagado mis deudas. Con trabajo y a veces con dolor. Tengo dos hipotecas.

Hala, pues esta soy yo.

Y os lo cuento porque debo de tener la privacidad y los intereses en las redes sociales un poco a la virulé y por eso me llegan docenas de publicaciones de diseñadores, ilustradores y escritores indignadísimos porque les piden trabajar gratis. O, lo que es peor, les piden trabajar por un precio irrisorio u ofensivo. A mí me da mucha rabia que eso suceda, porque la gente que se plantea vivir de su trabajo artístico o literario tiene derecho a exigir el precio que considera que ese trabajo vale. Y los clientes tienen la obligación de respetar ese precio. Tal y como yo lo veo, igual que no le regateo céntimos al frutero, no le regateo euros a un ilustrador. Si me parece caro, le digo que lo siento, pero que se sale de mi presupuesto. Ojo, que yo también, como consumidora, como cliente, tengo derecho a pensar que algo es caro.  Y tengo derecho a no comprarlo por ese motivo.  Todo lo demás, sobra.

Ahora bien, no es del precio del arte de lo que quiero hablar, sino del precio del trabajo por cuenta ajena, lo que viene a ser el sueldo. No veo a nadie, en serio, a nadie, escribir incendiarios posts hablando de que han recibido una oferta de trabajo ofensiva. De manera muy sorprendente, veo más gente que se alegra cuando consigue un trabajo basura.

Me encantaría leer estados de Facebook de este estilo (una vez escribí uno, pero se lo ha llevado el viento).

“Esta mañana me han llamado para ofrecerme entrar en un proceso de selección. Pedían 6 años de experiencia como secretaria de dirección, inglés bilingüe, disponibilidad horaria y era en Las Rozas. El salario era de 16.000€ anuales. Le he dicho a la señora que yo por ese dinero no salgo de casa”.

Pero no los veo.

Los trabajadores por cuenta ajena, sus amigos, su familia, sus parejas y sus hijos asumen que uno debe salir ahí a batirse el cobre por unos céntimos. Porque más vale algo que nada, porque así por lo menos la mitad de la familia comerá caliente. Porque, bueno, si no tienes donde caerte muerto, al menos 16.000€ al año, 930€ al mes, más o menos, y dos pagas, está muy bien ¿no?  Son algo más de 5€ la hora. A esos padres y madres nadie les dice que están devaluando el mercado de trabajo, que cuando sus hijos estén en edad de merecer un patrón, (un jefe, vaya), ya se habrán sentado las bases para que los salarios sean más bajos que el precio del pan.

Yo no digo que haya que decírselo, digo que nadie lo dice.

A mí no se me ocurriría decirle a una mujer hecha y derecha que hay que morir de pie antes que vivir arrodillada. Sobre todo porque sin dinero se despellejan muy rápido las rodillas. Tampoco se lo diría a un hombre.

La cuestión, se digan las cosas o no se digan, es que la mano de obra no se valora. No se valora a los jornaleros, a las secretarias, a los panaderos ni, por supuesto, a los artistas. La gente que paga no valora el trabajo de los demás y mucha de la gente que trabaja no valora su producción (de naranjas, panes, grifos arreglados, páginas escritas o diseños realizados).

¿Qué a dónde voy a parar? A que con esto de las reivindicaciones justas y poderosas pasa lo que con todo: que cada uno se rasca lo suyo y solo cuando le pica a él. Y así nos ponen, a todos, los huevos las gallinas.

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