Las líneas rectas y el placer de la estética

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRTe levantas por la mañana, llena de ganas de quedarte en la cama, te pones una falda estallona, de las que se pegan a las caderas y te hacen el culo de manzana roja para boca de Blancanieves. Encima te colocas una gabardina años 50, con la cintura ceñida y mucho vuelo. Botas altas de supervivencia en la oficina.

Sales a la calle llena de ganas de quedarte en casa, con tu lista de reproducción insertada en las orejas. El metro bulle de gente con resaca porque en dos días han ganado los dos equipos madrileños que compiten en Europa. Y el sueño que hace, madre.

Pasas los tornos, doblas la esquina, bajas las escaleras y el destino se pone de tu parte: Gloria Trevi llega al estribillo mientras el pasillo del metro se convierte en una infinita línea recta. Taconeas porque sí, con pasos largos de modelo brasileña, porque tú también te soltaste el pelo, te vestiste de reina, te pusiste tacones y descubriste que eras bella.

Ya de buen rollo, toca una escalera más, esta de subida. Balanceas las caderas, esas que te estallan bajo la falda tubo. Un golpe de aire te levanta la gabardina y ¡zas! Ya eres la tentación que vive arriba.

Luego llega la vida, claro, pero mientras tanto…

Aquí la Gloria Trevi verdadera

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