Ese cuerpo es un problema – That body is a problem

por Alicia Pérez Gil

FEAT-AMARSE

Tenía muchas ganas de traducir este artículo de Iain.

No es mi amigo, no le conozco y ni siquiera sé si me caería bien, aunque sí es el mejor amigo de mi reciente nueva adquisición amistosa.

Lo escribo porque Iain es un HOMBRE y el artículo habla de los problemas de autoaceptación del cuerpo de UN HOMBRE. A lo mejor es que yo no leo muchos blogs masculinos (el suyo, en inglés, habla también de música y viajes). En cualquier caso, me parece importante que las muejres sepamos que algunos hombres se sienten como nosotras. Tan importante como que los hombres sepan que tienen derecho a sentirse así y expresarlo.

Esta es la traducción

Soy un aficionado en lo que respecta al ciclo de locura en que los culturistas profesionales  se sumergen cuando preparan grandes competiciones estéticas. No tengo cuerpo de culturista profesional, de hecho no estoy muy en forma y mi porcentaje de grasa corporal les provocaría pesadillas. Aún así llevo unos años haciendo ejercicio y, aunque he ganado masa muscular y definición, el aumento es relativo y habría que compararlo con lo que antes no tenía. He “crecido” pero debido a la maldad intrínseca de Instagram y la larga lista de body builders a los que sigo y con los que me comparo, todavía veo mi cuerpo, a veces,  de forma negativa. No siempre veo mis abdominales y me pregunto si debería; mi vasto interno crece muy despacio ¿debería verlo? En el pasado la ropa me volvía loco ¿debería parecer una corteza de pastel cuando me quite los calzoncillos?. El camino hasta la aceptación de mi cuerpo ha sido largo y accidentado y esta es una muestra de las cumbres, valles y la montaña rusa emocional que he atravesado hasta llegar a donde estoy.

EL FUNERAL DE LA GRASA

Mi relación con el ejercicio físico y la dieta ha sido históricamente problemática. Fui un niño delgaducho que se puso encima casi 102 kilos a los 15 años. Cuando me ofrecieron un contrato fijo para sustituir al muñeco de Michelín supe que había llegado la hora de cambiar. De todas formas, incluso cuando alcance los 10 kilos, no parecía un monstruo de grasa retemblona. De acuerdo, me rozaban los muslos, pero afortunadamente jamás tuve un problema de roce de lorzas… porque no hacía ningún deporte. Casi ni caminaba y mis michelines se quedaban muy quietos, sin darme problemas mientras estaba sentado durante horas jugando a videojuegos, bebiendo Fanta y comiendo cuencos de cereales azucarados del tamaño ideal para el gigante Hodor.

De manera natural perdí algo de peso cuando llegué a los 16/17 años y a los dieciocho fui tan consciente de mi estado que comencé una dieta muy estricta y nada saludable que me hizo perder 53 kilos en 18 meses. No me volví anoréxico, sino que comía “sano” pero a niveles obsesivos. Contaba hasta la última caloría, me saltaba comidas y hacía demasiado ejercicio. Estaba muy concentrado, tenía un objetivo muy claro y me había enfadado mucho. Sentía una ira atroz hacia la grasa, que debía morir, así que maté tantas de esas horrendas células como pude y celebré cada funeral a medida que los números en la báscula descendían. No tenía ni idea de que me había convertido en un esqueleto ni de lo débil que parecía. No veía mis costillas a pesar de que se podían contar a simple vista, lo mismo que mis clavículas o mis caderas. No noté que los vaqueros me colgaban literalmente y que mis piernecillas no rellenaban ni la mitad de las perneras. Me sentía mucho más grande de lo que en realidad era. Por eso jamás recomendaré a nadie que pierda peso demasiado rápido. A la idea de mí mismo que yo tenía le llevó años reencontrarse con la realidad y, mientras tanto, el nivel de autocrítica que soporté fue más que vergonzoso.

PUNTO DE GIRO

Me mud´çe a un apartamento durante mi Segundo año de Carrera. Uno de mis amigos era jugador de rugby y un entusiasta de la salud y el fitness. Nunca había tenido un amigo tan físicamente activo así que supuso una revelación verle volver de las vacaciones de verano con el doble de su masa muscular. Eso dejó hecha polvo a mi mal alimentada y dismórfica cabeza de chorlito.

¡Quiero tener esa pinta! ¿Ese es el aspecto que un hombre debe tener!

Ojo, que no quiero decir, ni por un momento, que un hombre sea menos hombre si no es un Adonis musculoso. Nunca me atrevería a hacer ese tipo de juicios y mucho menos a expresarlos.

Lleno de inspiración, me apunté a un gimnasio y me hice un test de forma que reveló que tenía un índice de grasa corporal del 7% (el entrenador me dio una palmadita en la espalda por un porcentaje tan “ideal”). Durante los siguientes siete meses avancé mucho, pero luego el gimnasio cerró, o perdí motivación y lo dejé. Fue una pena porque por primera vez tenía bíceps. Unos bíceps pequeñitos, pero ¡mis primeros bíceps! Lo que pasaba es que no me interesaba la salud lo bastante como para buscar otro gimnasio. Aunque en aquel momento todavía no había llegado al punto de entender lo intrincado del mundo del body building, aquello abrió mi mente a una silueta completamente nueva, una idea que convertía en aceptable comer y ser más voluminoso.  Una idea de tipo de cuerpo que jamás había considerado con anterioridad y que ha permanecido conmigo y me ha ayudado a convertirme en un nuevo yo, más sano.

ENCONTRÉ LO QUE ME GUSTABA

Hagamos una elipsis hasta el día de hoy. Todo lo anterior puede ser un sinsentido, pero debería servir para ilustrar que la salud y el fitness son parte del viaje de cada uno, pero también un viaje en sí mismos. En ocasiones pueden ser tus mejores amigos, hacerte sentir increíble, seguro de ti mismo y más atractivo que nunca. En otros momentos se convierten en tu archienemigo y te fuerzan a deshacerte en lágrimas mientras acabas con una tarrina de helado de  Ben & Jerry’s Phish Food, te bebes una botella de vino tinto y ves “El diario de Noah” (un asco de peli, no la veas). Tus emociones se desbordarán por todas partes al principio, te sentirás frustrado, impaciente y lleno de raba. Debes recordar que no vas a l gimnasio por obligación, sino porque quieres. Si odias el gimnasio e ir te causa estrés emocional, no vayas.  Haz otra cosa. Yo descubrí que me encantaba el gimnasio, que disfrutaba levantando pesas y comiendo sano. Desde entonces he avanzado tanto que ni me imagino volver a pensar de la dieta y el ejercicio lo que pensaba cuando comencé.  Cuando tú encuentres el tipo de ejercicio que te gusta no mirarás atrás porque te sentirás más rápido, más fuerte y mejor que nunca.

Yo me enamoré del binomio “crear músculo y perder grasa”. Necesito objetivos aunque no sean necesariamente en forma de números. Cualquier objetivo me sirve. No soy capaz de trabajar en algo si no veo que tiene un final y, cuando llego hasta allí, me meto en la siguiente fase. Nunca había trabajado activamente en la pérdida de grasa así que cuando empecé, resultó ser un reto tanto físico como emocional. Con la presión añadida del bombardeo de Instagram (en el que me metí yo solo). Me obsesioné con la idea de perder grasa para ganarla de nuevo mientras procuraba ganar masa muscular para estar perfecto en la playa, en el espejo, en mi día a día. Quería un cuerpo que provocara comentarios positivos. Mi objetivo último es que mi ropa estalle debido a mis enormes músculos, lo que pasa es que para eso todavía queda. De hecho, más que un objetivo es un sueño. ¿Sabes esos tíos que los ves y parece que se les va a reventar la camiseta porque no les caben los bíceps dentro? Pues ese es mi futuro yo.

EL CUERPO ANTES Y DESPUÉS

Antes y después de 2015 (14 semanas de disminución de la grasa)

Comencé el programa en junio de 2015 y aunque la primera semana fue espantosa (dolores de cabeza, hambre, ansiedad de azúcar, horribles agujetas), sin exagerar, una mierda de semana; hacia el final de la segunda empecé a sentirme mucho mejor. Todavía comía un montón de comida que no se consideraba conveniente. Antes de empezar no era un gran aficionado a la comida basura, pero tomaba Nutella a diario y snacks dulces bastante a menudo. Mis comidas eran sanas pero no tenía ningún control sobre el tamaño de las raciones. En cuanto empecé el plan me di cuenta de cuánto estaba comiendo de más y de qué manera las pequeñas cosas que añadía a cada menú contaban a la hora de alterar los valores nutricionales (por ejemplo, mientras ahora desayuno 50 gramos de cereales antes de entrenar, antes tomaba 100 o 150 con pasas y miel). Mis abdominales empezaron a asomar, mis piernas tomaron volumen tenía el culo más firme y redondo y la ropa ya no me colgaba.

Perseveré durante 14 semanas y al final había perdido un montón de grasa (no sé qué porcentaje), tenía un core más visible y mayor definición en general. No lo hice a la perfeccioó, claro y tampoco me convertí en el perfec to musculitos de Instagram, pero se me veía mejor y me sentía mejor que nunca. No tenía unos hombros como muros de cemento, pero sí se parecían a bonitos cantos rodados; la grasa desapareció de mi “zona de flotadores” y tenía el estómago tan plano que sentía genial dentro de esas camisetas súper estrechas “slim fit”. Recibía piropos y me encantaba, y no solo de manera narcisista. Esos piropos me empujaron a cruzar un nuevo límite, la frontera de la propia imagen negativa. Por primera vez en mi vida me miré en el espejo, desnudo, y no puse mala cara. De todas formas todo esto tiene su lado menos positivo.

Ahora estoy en la fase de ganar músculo y cambiar el chip mental para sentirme cómodo con lo de ser “más grande” es difícil después de 14 semanas de perder grasa. Caes en el viejo hábito de pellizcarte la piel y decir que lo que has cogido es un pellizco de grasa; te frotas la barriga antes de acostarte y te preguntas si te has quedado embarazado por efecto de algún oscuro hechizo… Y sí, así es: es un hechizo de comida. Felicidades. Estamos demasiado inmersos en un mundo obsesionado con la imagen corporal, asaeteados por cuerpos perfectos a través del cine y la televisión, los vídeos musicales, las redes sociales. Puede que te encuentres uno de esos cuerpos bellísimos en Instagram y te preguntes, igual que antes de empezar con el ejercicio, por qué no te pareces a él. Yo me sentí genial después de perder grasa. Nunca había estado tan contento con mi cuerpo.

No veía mucho a mis amigos, el ciclo de los hidratos de carbono afectaba a mi estado de ánimo , comer fuera siempre era motive de estrés porque en el fondo adoro la comida. En serio, me encanta comer y como, aunque con mayor moderación.

En fin, lo que digo es que no intentes convertirte en una mejor versión de ti mismo en comparación con una foto de Instagram, Facebook, Twitter o lo que sea. No mires a ese tío del gimnasio que lleva una camiseta de tirantes y tiene los músculos venosos y súper trabajados porque levanta diez mil kilos de peso. No mires a los tíos en el vestuario preguntándote donde coño han puesto sus lorzas.

Se tu mejor tú.

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