¿Qué es la normalización de la violencia contra las mujeres?

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRLa normalización de la violencia contra las mujeres no es la generalización de las agresiones a mujeres por parte de hombres. Tampoco es una acusación. Cuando digo que la violencia contra las mujeres está normalizada no digo que todos los hombres sean unos agresores potenciales, unas malas personas y que deban ir al infierno por ello. Tampoco digo que todas las mujeres sean unas santas.

Escribir el párrafo anterior ya es un síntoma de hasta qué punto está normalizada esa violencia. Básicamente, lo que acabo de hacer es ofrecer las palmas de mis manos en son de paz: “¡Eh! ¡No me peguéis virtualmente, que yo sólo quiero explicar una cosa! Luego ya si no estáis de acuerdo, pues genial, pero hablemos. Hablar mola”.

Tener que escribir eso, tener que poner una defensa preventiva antes del texto en sí, ya debería darnos a todos una pista de lo que pasa.

Cuando digo que la violencia contra las mujeres está normalizada digo que es algo que está tan arraigado en el mundo que vivimos, que ni siquiera se percibe como violencia contra las mujeres.

Como la violencia no se percibe como violencia sino como algo sin importancia, algo normal (normalización), cuando se pone de manifiesto que sí es violencia, quienes ejercen esa violencia se sienten atacados y reaccionan de manera agresiva.

¿Quiénes se sienten atacados y reaccionan de manera agresiva? Hombres y mujeres. A lo mejor esto os sorprende, pero sí. La violencia contra las mujeres también se percibe por nosotras como algo normal. Y por eso muchas (muchísimas) mujeres dicen que quienes hablamos de normalización de la violencia, de micromachismos, de sesgos machistas, etc. somos unas exageradas.  También las mujeres llaman a otras mujeres feminazis. Los hombres lo hacen más y con mayor vehemencia. Esto no me lo invento yo porque sea una retorcida mujer en busca de la criminalización del hombre, esto se lee en los comentarios a casi cualquier post de, por ejemplo, @barbihijaputa (esta frase también busca poner la venda antes de la herida ¿veis?).

¿Os cuento un pensamiento machista que os acaba de cruzar a todos por la cabeza? Sí, soy así de lista. Todos habéis pensado que es peor una mujer machista que un hombre machista. La sorpresa es que no, no lo es. Las lacras sociales son iguales para todos.

Hasta ahora tenemos las siguientes ideas:

  1. La violencia contra las mujeres está normalizada, es decir, actos de violencia contra las mujeres no se perciben como actos violentos.
  2. Cuando se dice que esos actos no percibidos como violentos lo son; es decir, cuando se visibiliza la violencia como tal, hombres y mujeres se ponen a la defensiva y contestan con agresividad.

¿La consecuencia? Se genera todavía más violencia contra las mujeres en forma de insultos, muchos de ellos de carácter sexual: “a ti te daba yo lo tuyo” es la frase que mejor resume casi todos esos insultos. Y los resume bien porque incluye al hombre como jefe que sabe lo que le conviene a la mujer, a la mujer como ignorante además de carente y el contenido sexual que pone a cada uno en su sitio (al hombre en posición de poder y a la mujer en posición de sumisión).

Estoy segura de que casi todos los hombres que hayan llegado hasta aquí se mueren por un par de ejemplos de esa violencia normalizada contra la mujer. Aquí vienen: violencia en publicidad. Totalmente gratuita. Diréis que la publicidad es solo eso y que bla bla bla. Vale, para que os deis cuenta de hasta qué punto os parece normal algo que no debería serlo en absoluto, haced el siguiente ejercicio.

Imaginad, para cada imagen, que la posición ocupada por la mujer la ocupáis vosotros.

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¿Y cómo se “cura” la normalización de la violencia? Pues haciendo un ejercicio de humildad. Hay que estar atento y dejar fuera de la ecuación lo de sentirse ofendido. La mayor parte de los hombres son tan buenas personas como la mayor parte de las mujeres y todos tenemos sesgos machistas. Cuando veamos que se dice que un hecho manifiesta la normalización de la violencia contra las mujeres, en lugar de ponernos de uñas y sentirnos atacados, deberíamos pararnos a pensar si nos gustaría que lo que fuera nos lo hicieran a nosotros.

 

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