Lo de estar gorda: 5 cosas que debes saber

por Alicia Pérez Gil

FEAT-AMARSENo me cansaré, hasta que me muera, de hablar de esto.

A lo mejor piensas que no me importaría si estuviera flaca, pero te equivocas. He sido una persona de apariencia delgada, de talla 36-38, larga melena castaña y ojos verdes. No hace mucho. Ahora gasto la 4o. De entre todas las cosas que se me pueden llamar, gorda no es una de las más adecuadas para describirme. No es precisa. No estoy gorda.

No conozco a todas las gordas del mundo, así que esto que escribo aquí se basa en mi experiencia propia y en lo que he aprendido de las gordas de mi alrededor. Te sorprendería saber hasta qué punto las flacas de mi alrededor comparten muchas de estas cosas.

1.- Ser gorda está prohibido

A lo mejor no te lo parece porque ahora hay modelos de talla grande y tenemos weloversize.com, pero no. La verdad es que ser gorda está prohibido. No lo prohibe la legislación, pero sí lo condena el mundo. Lo condenan las tiendas cuyas tallas grandes no les entran a mis amigas más delgadas, por ejemplo. Pero también lo condenas tú cuando ves a una gorda en leggings y te preguntas si no le dará vergüenza enseñar la celulitis, o la arruga de la cintura. Lo condeno yo cuando veo a una chica gorda entrar en un MacDonalds.  Lo condenamos todos cuando decimos de alguien que es guapo pero está gordo, que es muy mona, pero le sobran kilos. Estar gordo es el defecto que elimina todas las virtudes. Es lista pero está gorda. Adele canta de vicio pero hay más titulares acerca de su talla que acerca de su música (casi).

2.- Cuando una gorda adelgaza no se pone ropa ajustada para gustar a los hombres ni para que la envidien las mujeres

Como la obesidad está prohibida, cuando una gorda adelgaza, lo que hace es, por fin, encajar en la norma, salir de la ilegalidad estética, saludable y hasta moral y convertirse en una mujer normal. Por tanto, se viste como lo hacen las mujeres normales. Acorta faldas, estrecha blusas, se atreve con los shorts y le grita al mundo que por fin tiene un cuerpo aceptable. A lo mejor hasta se maquilla porque cree que ya se lo merece, porque ha renunciado a un gran porcentaje de lo que era (literalmente, ha renunciado a una parte de su cuerpo) para poder ser como las demás.

Dirás que lo de la normalidad es relativo y yo me morderé la lengua para no mandarte muy muy lejos. Haz la prueba:abre google imágenes y escribe cuerpo mujer normal. Verás como enseguida identificas las excepciones. Bingo, las excepciones son gordas.

3.- Adelgazar no es una alegría

Adelgazar es una imposición. Y no, casi nadie que yo conozca adelgaza por salud. Adelgazamos para estar más guapas porque nuestra obligación como mujeres es ser guapas y la belleza es mayor si la sustentan pocos kilos. Ese es el mensaje mayoritario. No te atrevas a decirme que no. O atrévete, que lo niegues no va a cambiar la realidad.

Da mucha alegría entrar en unos pantalones dos tallas más pequeñas. De inicio se siente una gran sensación de triunfo, sí. Luego lo quieres celebrar y, no sé ¿tomarte un helado? ¡No! ¡Horror! Un helado hará que jamás vuelvas a poder ponerte esos pantalones. Así que nada de helado, nada de disfrutar. A la alegría la sustituye de inmediato el miedo. El pavor a volver a ser gorda, a volver a estar prohibida, a que salga al aire tu gorda interior.

4.- Ser gorda es muy cansado

En serio. Ser gorda y no gustarse (francamente, no conozco a ninguna mujer que se guste ni flaca ni gorda, pero las gordas, además de no gustarse, son gordas, que ya es mala suerte) es agotador. Para empezar, cuando abres el armario por la mañana no buscas algo que te quede bien, sino algo que no te quede mal. Sales a la calle pensando que a lo mejor lo que llevas puesto oculta tus redondeces de manera más eficiente. No aspiras a gran cosa, sólo a no disgustarte y a no cazar ninguna mirada reprobatoria. El objetivo no suele cumplirse.

5.- No, a las gordas no les hacen falta tus consejos

No necesitamos que nos digas que nos vendría bien perder unos kilos, ni que debemos querernos más, ni que nos mientas y nos digas que la talla no importa ¿que la talla no importa? Pues deja de hablar de la talla. Si de verdad no te importa mi aspecto porque me quieres como soy, deja de decirlo. No me digas que a mi figura la va mejor una falda de tubo que una de vuelo. Es muy probable que me haya leído todas las páginas de moda que existen para ver de qué manera la ropa diseñada para las flacas me puede hacer parecer menos horrenda.

A ver si has pillado la paradoja de la última frase…

A modo de cierre diré que es muy probable que te ofenda esto, pero la mayor parte de nosotros somos esclavos. Esclavos del trabajo o de la carencia de trabajo, esclavos de las expectativas de nuestro entorno, pero también de las del mundo. Esclavos con muy poca capacidad de elección. Las mujeres además son esclavas de… ¿en serio necesitas que lo escriba? Somos esclavas de un ideal no de belleza, sino de normalidad, que no es que sea poco razonable, es que no existe. La esclavitud de las mujeres gordas es triple: por ser personas, por ser mujeres y por ser gordas, por estar prohibidas y sometidas a la obligación de encogerse, de estrecharse, de renunciar a docenas de cosas y hasta de ideas, para poder salir a la calle a que las insulten por llevar la falda corta.

¿Sabías que muchas mujeres gordas creen que no merecen ser amadas o deseadas? ¿Sabes que muchos hombres se avergüenzan de sentirse atraídos por mujeres gordas? Eso también es esclavitud.

 

 

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