Prensa española, ideología e identidad. Esto es un título que puede resultar confuso. El artículo solo menciona la prensa, pero habla de identidad, ideología y emociones.

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRAyer leí un comentario del amigo de un amigo, que decía que “ lo que nos cuentan de Trump es lo que deciden los medios españoles, casi todos tomados por la izquierda o un tibio centro-derecha”.

Y me ofendí.

Me ofendí tanto que no tuve más remedio que cuestionarme los motivos de ese sentimiento de ofensa mío. Llegué a la conclusión de que, amigos, hay ideas  asumidas a nivel estrictamente particular hasta tal punto que conforman las identidades individuales.

Vamos, nada que no supiera ya de antes.

Lo que me dejó muy de piedra fue presenciar cómo el fragmento de mi identidad que se corresponde con la idea, ingerida cual pastillita roja, o azul, de que la prensa española es un instrumento de la derecha, quedaba total y vergonzosamente revelado.

Aquí, por cierto, no se trata de descalificar al amigo de mi amigo, por tentador que parezca, queridos colegas de la izquierda (o lo que seamos, que no viene al caso), sino poner de relieve la necesidad de cuestionar las emociones que despiertan las ideas ajenas. Porque la emoción no razona ni enriquece cuando se cuela en medio de una conversación. Más bien ofusca y enturbia.

Ocurre que, de la misma manera que nuestras identidades se conforman a partir de ideas, las identidades de los demás también. Ocurre que, cuando te identificas, es decir, cuando pasas a SER una idea (o a creer que lo eres), cada manifestación contraria a esa idea se convierte en un ataque personal a ti mismo.

Esto es muy evidente en el fútbol y en política, que en España son casi la misma cosa. Pero ocurre en absolutamente todos los demás ámbitos. La religión, por supuesto, pero yo lo he visto –y sentido- en cuestiones tan aparentemente inofensivas como la literatura o el arte. O ayer, en la exposición de Hitchcock en la Fundación Telefónica.

Ejemplo: todos esos señores y señoras  que dicen que lo que se hace con cámaras digitales no es fotografía y todas, TODAS, las discusiones que provoca están trufaditas de ideología/identificación. Esto va más a o menos así: “La fotografía digital no es fotografía”, dice un fotógrafo analógico. Y lo dice porque lo cree y porque lo cree se siente ofendido en su identidad de fotógrafo por los que usan la tecnología digital, así que tiene que poner de manifiesto lo muy ofendido que está y lo hace, sí señor. Lo hace mediante la resta de identidad de los digitales: “Querido digital-dice- no eres fotógrafo”. Y ya la tenemos liada. “Los digitales le dicen al analógico: eres un dinosaurio a punto de extinguirte, no tienes ni idea.”

La violencia escala y…

Cada vez que descalificamos a alguien o algo de manera automática estamos evitando pensar. No pensar deja espacio a “otras cosas”; en primer lugar a la emoción pura, que no suele traer nada bueno, en segundo lugar a las variopintas manifestaciones de esa emoción pura. La más importante de todas ellas, la única, aunque tome diversas formas, o grados, es la violencia.

El enemigo de la violencia no es el amor. De hecho el amor es un gran generador de violencia. El enemigo de la violencia es la razón. La que usamos cada uno,  no la que deseamos que otros usen. Esto puede parecer sutil, pero es que obligar a los otros a lo que sea, aunque sea a pensar,  es ejercer determinado tipo de violencia.

Debemos usar la razón para comprender nuestras emociones primero y para ser superiores a esas emociones después. Porque solo desde la superación de las emociones se puede entender, no solo a uno mismo, sino también al prójimo y sólo comprendiendo se puede convencer.

Que no, que no he alcanzado el zen, ni se me da esto de maravilla, ni voy por ahí en plan robot, ni alzo la mano en un displicente gesto de profeta cuando veo una trifulca. Esto no va de robotizarse. En mi caso, personal y transferible, esto va de ir descubriendo cuáles son los resortes que me llevan a actuar o a no hacerlo. También va de observar si a los demás les pasa parecido. En el proceso me doy cuenta de que, amigos míos, nos parecemos como guisantes, reaccionamos de modos tan similares que le hacen a una cuestionarse si de verdad somos individuos es en sentido amplio de la palabra.

Vamos, que no escribo esto desde el dominio de la técnica de la razón, sino desde el aprendizaje. Y desde el aprendizaje os digo (ahora, sí, se impone un gesto profético), que es muy satisfactorio pararse a respirar cuando uno se siente ofendido, darle una vuelta al motivo de la emoción y dejarla ir porque uno sabe que las emociones van y vienen, los credos y las ideologías van y vienen, pero nadie ha superado a Parménides en la formulación del ser: el ser, es.

 

 

 

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