Notas de suicidio

por Alicia Pérez Gil

FEAT-ESCRIBIRLo último que hemos sabido es que las autoridades competentes han separado a Martes y a Sábado. El temor a que la semana se reduzca a únicamente tres días, la totalidad de los cuales sería laborable, no resulta infundado desde que se conocen los motivos de la muerte de Lunes y Domingo.

Por supuesto, la medida ha tenido sus repercusiones: todos sufrimos trastornos de sueño y esa sensación de pesadez en la cabeza que se deriva de la alteración de los patrones de descanso. De todas maneras, la mayoría de nosotros coincide en que es mejor haber cambiado la secuencia que correr el riesgo. Ahora las semanas comienzan en Miércoles, sigue el Martes, luego el Viernes más tarde el Jueves y por fin el Sábado.  Sospechamos que Miércoles puede convertirse en el nuevo Lunes y hemos iniciado una campaña de recogida de firmas para que esta posibilidad se tenga en cuenta.

La patronal se ha convertido en el mayor escollo a la hora de gestionar esta crisis de manera satisfactoria. Se escudan en lo que para ellos es un hecho: si los días de la semana se distribuyeran de manera aleatoria como nuestra asociación sugiere, no habría manera de determinar plazos de entrega, lo que causaría una gravísima crisis económica y la subsiguiente pérdida de puestos de trabajo.

Nuestra mayor preocupación es Miércoles. Su posición es delicada.

Hemos iniciado el diseño de una campaña de concienciación y denunciamos todos los memes y publicaciones que encontramos en redes sociales y que nos parecen peligrosos. Una corriente contraria a nuestra labor nos tilda de dueños de la verdad, odiadores profesionales y policías de lo políticamente correcto. Procuramos no hacer caso, pero no es agradable.

Al menos una vez al día uno de nosotros publica, desde cuentas no vinculadas a nuestros datos reales, las cartas de suicidio de Lunes y de Domingo. Las reproduzco aquí, de memoria. He perdido la cuenta de las veces que las he leído. Sigo emocionándome.

“Mi nombre es Domingo y seré breve, algo de lo que siempre me habéis acusado. Ya no puedo más. La presión a la que me habéis sometido desde la fecha de mi nombramiento como último día de la semana me ha deshecho por dentro. Lo único que he buscado siempre ha sido formar parte de vuestros mejores recuerdos, pero la mayoría de vosotros no se ha preocupado de crear esos recuerdos. Habláis de mí con rencor, como si fuera culpa mía que vosotros no supierais aprovechar mis horas. Me niego a asumir esa responsabilidad durante más tiempo. Os dejo, me acabo. Espero que aprendáis a apreciar al resto de mis compañeros. Y no olvidéis que es culpa vuestra, y sólo vuestra, que los años de vuestra vida se hayan reducido en cincuenta y dos días cada uno. Ojala pudiera despedirme con cariño, pero también me lo habéis robado.”

Domingo debió haber dicho ciento un días, aunque no sabía que su suicidio sería seguido por el de Lunes. La nota del primer día de la semana fueFEAT-VIVIR aún más breve: “Habéis llenado mis veinticuatro horas de amargura. Todo es culpa vuestra. Creced de una vez.”

Internet casi al completo nos acusa de haber falsificado ambos documentos.  Nada más lejos de la realidad. No se dan cuenta, los usuarios, de que cada cromo con un chiste acerca de lo doloroso del Miércoles le acerca más a su propia destrucción. Yo, Viernes, empiezo a sentir el peso de todas las expectativas acumuladas sobre mi; expectativas que en muchos casos no se cumplen y que me dejan en la boca un regusto ocre. Nos contemplo, a los cinco que quedamos, y me pregunto quién será el próximo en caer antes de que la humanidad aprenda hasta qué punto es limitado el tiempo.

 

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