Editorial Cerbero, colección Wyser

por Alicia Pérez Gil

FEAT-LEER

He querido reposar unos días antes de acometer la labor, complicada, de opinar sobre las tres primeras obras publicadas por Editorial Cerbero. No soy dada a la paciencia o la paciencia no me fue dada, como prefiráis; pero en este caso se imponía un periodo de reflexión. Os preguntaréis (o no) que por qué. En fin, pues los motivos son varios.

1.- Aprecio al editor

Le conozco a través de las redes sociales (y ahora a través de un par de somnolientas cañas) y le aprecio, me cae bien, quiero que las cosas le vayan bien y quiero hablar bien de lo que hace. Eso, así, a priori, compromete la objetividad y la credibilidad de todo lo que está escrito más abajo. Pero es cierto y ha pesado en este post, que no en mi opinión. Ha pesado en el tono y en la carga de tintas.

2.- Son tres novelas

Y aunque las tres novelas me han gustado me he sentido un poco traidora por haber disfrutado más con unas que con otras. Para empezar, me consta que las comparaciones son odiosas, pero es que los tres libros se han publicado a la vez, los he leído seguidos y, bueno, el respeto por el formato del editor es lo que tiene. Si fueran trillizos a nadie le sorprendería que se dijera de ellos: mira, este es el más guapo, este el más gracioso, este el más movido. Pues aquí igual. Y no me hace mucha gracia este constreñimiento en parte autoimpuesto y en parte inevitable, pero es que no veo otra manera de hacerlo: tres CiFis de la misma editorial que ven la luz a la vez; en serio, son trillizos.

3.- Son tres buenas novelas

Y yo no soy mala lectora pero soy una pésima reseñadora. Me pasa con los libros como con el vino: será más o menos caro pero a mí, o me gusta o no me gusta. Bueno, miento, se me dan mejor los libros que el vino. La verdad es que me pones un tanino delante y podría confundirlo con un tanano sin mayor sonrojo. Con lo que está escrito me pasa que algo sí entiendo y distingo, por tanto, lo bueno de lo malo. Así, sin sonrojarme tampoco. A pesar de ello, allá por la postadolescencia llegué conmigo al acuerdo de que me daba permiso para disfrutar cosas de mala calidad. Ninguna de estas tres novelas es de mala calidad, pero reconozco que algunas me han emocionado más que otras y yo… en fin, si me emocionas te querré para siempre. Así que de ese pie cojeo, sabedlo.

Dicho esto, dejo aquí un aviso a navegantes: digan lo que digan los críticos, sean los críticos de la talla que sean, una novela no es una novela. Existe una para cada lector y cada lector la leerá, la entenderá y la disfrutará en mayor o menor medida teniendo en cuenta docenas de variables. Todas esas variables no pertenecen tanto al espacio de la obra como al espacio del lector y por eso no hay reseña infalible ni cien por cien fiable. Salvo en lo que se refiere a las críticas técnicas del señor J. Evans Pritchard, necesarias pero insuficientes.

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YABARÍ, de Lola Robles

Yabarí es un siete o un siete y medio. Un notable alto.

Se trata de la historia de una periodista terrestre que viaja hasta Yabarí, un planeta lejano que está siendo explotado para la extracción de algo llamado bentá. No tengo ni idea de lo que es esa bentá ni para qué sirve, ni falta que me hace. A estas alturas no estoy cerca del libro y no sé ni si lleva tilde, pero tampoco importa mucho. El elemento en sí es preciado, es deseado, reporta pingues beneficios y por su causa el planeta en el que se da está sufriendo un terrible expolio y sus habitantes siendo esclavizados o muertos.

En realidad la novela toca varios temas de candente actualidad: la explotación de unas civilizaciones por otras, el expolio del planeta, la desinformación, las relaciones no amorosas entre hombres y mujeres. Todo ello envuelto en una trama simple, lineal, de acción ligera. Es una historia entretenida de leer que roza demasiados palos para mi gusto, sin ahondar de verdad en ninguno de ellos.

No he dicho más arriba que Cerbero publica novela breve, pero esto es determinante. Al menos lo es para Yabarí, que se asfixia en la falta de espacio, en la falta de palabras. Si hay que ponerle un pero es ese: por culpa de la extensión no hay un desarrollo real de la trama. La premisa inicial es que la periodista viaja a ese planeta para descubrir la verdad, pero la verdad es revelada en las primeras páginas. La protagonista por tanto no tiene espacio para la desconfianza ni para el descubrimiento real. El lector tampoco.

Una pena, porque Lola Robles escribe que da gusto. Escribe, describe y crea. Es una buena creadora, Lola, de paisajes, de escenarios, de atmósferas. Maneja el lenguaje con soltura, sin caer en el extremo de la floritura ni en el opuesto, el del prosismo. Hay que darle a Israel Alonso (el can que da nombre a la editorial, que no deja pasar a los malos, parece ser) una pequeña insignia de Boy Scout porque ha escogido a tres autores que se desempeñan muy bien en esto de no abusar del vocabulario. Lola quizá sea la de la imagen más rica, la escena más vistosa en la que se introducen elementos domésticos de la manera más natural.

Creo que debe de ser una buena escritora de relaciones. Y lo creo porque intuyo en Yabarí –maldita limitación de espacio que no me deja confirmarlo- que sus personajes son sólidos, están bien pensados. Muriel la del apellido impronunciable es así. Y el dodimi ligoncete (parafraseando a la autora), también. Así que me apunto a Lola para mi lista de lecturas inmediatas. Yabarí garantiza eso: ganas de más Lola Robles.

RUBICON, de Juan González Mesa

Yo soy fan de Juan. A estas alturas él lo sabe y lo sabe cualquiera que me conozca. Me gustan sus personajes duros por fuera y blandos por dentro, con eso que llamamos blandura pero en realidad son sentimientos. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos.

Ocho y medio, casi nueve para Rubicón.

La historia es aparentemente simple, también. En un momento en el que la población terrestre en su totalidad debe emigrar a Marte un oficial hasta los huevos de matar gente indiscriminadamente en aras de un futuro mejor decide que ya vale, que lo que hay que hacer es salvar a los grandes depredadores terrestres y llevarlos también al Planeta Rojo. Y ya.

Vale, luego se descubren cosas. Pero es que la novela es tan corta que si digo algo más lo habré dicho todo. Así que vayamos a los pros y los contras y recordemos que yo, Alicia, soy muy fan de Juan y de esos personajes a cuyo grupo pertenece el protagonista.

No es el primer personaje de Juan que se dedica a tirar para adelante por encima de todas las cosas. Un tío roto por dentro al que se le van las grietas por fuera y cuya debilidad nace precisamente de esa dureza externa que también es su fortaleza porque no es sino el reflejo de unos principios sólidos y una moral férrea. Pueden ser unos principios y una moral con los que no estemos de acuerdo, eso depende del gusto del consumidor. Es el mayor atractivo de Rubicón, este protagonista, pero no el único.

El giro del final, del que no puedo hablar, es de los mejores que le he leído últimamente, la acción es trepidante, los secundarios están tan bien dibujados que casi se les ven las mellas en los dientes. Sin embargo, aunque plantea sus conflictos de manera precisa y efectiva, aunque todo está donde debe estar, a nivel emocional cojea. Allí donde Lola Robles se intuye brillante, Juan se queda un poco corto. No termino de creerme la relación entre los dos protagonistas ni veo la de las dos mujeres de la nave. Y es verdad que emplea demasiado espacio para justificar la acción de un secundario. Pero es que es uno de esos personajes de Juan. Creo que los dibuja con facilidad, que se los cree y que se enamora un poco de ellos. Es difícil cortarle un brazo (o una página), a alguien de quien te has enamorado.

Con cada nueva obra de Juan, por otra parte, asisto encantada a la depuración de su estilo, a una evolución en la manera de decir las cosas y a una pléyade de metáforas e imágenes. Es bueno, Juan. Tengo la sospecha de que necesita salir de su zona de confort, pero eso es cosa mía.

En cuanto a Rubicón, juega con la verdad, con las expectativas del lector y con el suspense. Unos malabares complejos pero bien resueltos. Es decir, la trama que parece la principal se solventa a mitad de la novela y luego ¡zas! Llega lo bueno. Y lo bueno es muy bueno. Yo no me la perdía.

LOS PRÍNCIPES DE MADERA, de Daniel Pérez Navarro

O la nueva niña de mis ojos.

Y aquí es donde debéis aplicar con mayor rigor el filtro de que cualquier crítica es producto del lector que la emite. Leí la novela con una angustia creciente y la terminé con ansiedad. Nada de alivio, nada de tensión liberada. Y es que Los príncipes de madera habla de lo que más me gusta hablar a mí: de la identidad, del lugar de dónde venimos, de a dónde vamos, de si el origen de los seres vivos determina su valor absoluto. Y luego está la música, claro.

En fin, que me desvío de nuevo.

Un nueve y medio para Los Príncipes de madera.

Que es la historia de un grupo de adolescentes genéticamente modificados para ser los mejores en su trabajo. Dicho trabajo consiste en hacer más sencilla y eficiente la extracción de otra de esas cosas cuyo nombre no recuerdo (me pasa como a los cornudos con las excusas de los corneadores, que una excusa la puedes vestir de seda cuanto se te antoje pero excusa se queda). Sólo que aquí hay gato encerrado y ni Schrodinger sabría decir si es un gato vivo, muerto, las dos cosas o ninguna. Misterio, existencialismo y la más bella prosa que yo haya leído en los últimos tiempos se conjugan aquí. Podría ser más comedida, pero no sería sincera.

Estamos hablando de un libro intenso, bello, equilibrado, bien estructurado, que no deja ningún hilo suelto, que mantiene el interés, que incorpora música y ciencia a partes iguales, que imagino que no gustará a todos por igual porque está lleno de emociones contradictorias contadas con una aparente frialdad que te deja necesitando una manta y un chocolate caliente. Una novela que plantea interrogantes que no puede resolver, que no debe resolver. Una novela romántica como Mary Shelley, innovadora como Star Treck y poética como Silvia Plath.

Como decía el otro día en una conversación privada, Israel Alonso, el hombre detrás de Editorial Cerbero, ha hecho tres buenas elecciones para inaugurar su catálogo. También ha hecho un buen trabajo de estrategia: tres novelas cortas cada tres meses, un bonito diseño, una maquetación cuidada, una buena atención al cliente, un gran precio. Yo le deseo todos los éxitos. Y que me descubra más autores.

Y ahora, en Marzo, llegan tres nuevas novelas. Estad atentos, algo me dice que merecerán la pena.

 

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