Me descubren con una Mirada Extraña y yo tan feliz que me quedo

por Alicia Pérez Gil

FEAT-ESCRIBIR

 

 

 

 

Origen: http://lamiradaextrana.com/descubriendo-a-alicia-perez-gil/

Que les den a los posts adultos y comedidos. Hace doscientos años que nadie me dice así, en público, lo buena que le parezco, así que os dejo las palabras de Felicidad Martínez Herreros. La entrada original la podéis leer en el enlace de arriba.

Descubriendo a Alicia Pérez Gil

Quédate con este nombre porque merece la pena. Recuerda: Alicia Pérez Gil, escritora de terror.

La suerte, o whatever, quiso que Alicia se pusiera en contacto conmigo tras la publicación de la entrada «Reseña antológica». En dicho post comentaba lo poco o nada asidua que soy al terror además de lo especialita que soy con este género,  así que Alicia decidió lanzarme un reto: leer su antología titulada Inquilinos, disponible en Lektu con la modalidad Paga si te gusta. Quizás otro pensase «Menudo descaro», pero en mi caso, tras leer el largo email, me dije «Vaya. Qué bien escrito está lo que me cuenta». La cosas como son: si esa no hubiera sido la situación, probablemente le habría respondido «Sí, sí, claro, gracias por la info», y ahí habría quedado todo.

Por aquel entonces yo estaba en pleno #LeoAutorasOct y no me veía con tiempo para dedicarle, pero una tarde me dije «A la mierda. Me apetece algo diferente a la cifi» y cómo me alegro, la verdad. Me leí Inquilinos de una sentada y disfruté como una enana. Ya lo comenté en la reseña que escribí en Goodreads, pero lo repito por aquí: es un aperitivo delicioso, aunque no habría abierto la antología con la primera historia, «Visita de Cortesía», y ahora explico por qué.

InquilinosGRCuando descubrí en el primer párrafo que el relato iba de vampiros pensé «Ya estamos con lo mismo», y entonces leí con bastante desgana lo que me contaba. Pensé que por mucho que en cierto momento me estuviera contando un origen vampírico diferente a lo que una está acostumbrada o ya ha leído por ahí, todo iba a reducirse a lo típico. Sin embargo, el final consiguió que se me abrieran los ojos de simple sorpresa. «Uouh. Vale. No me lo esperaba. Mejor si, de momento, no doy nada por sentado». Y con esto en mente encaré la segunda historia y… madre, qué buena es esta mujer. El relato «Desobedientes» (con un aire que me recordó mucho al It de Stephen King, pero cañí) se ha convertido en mi favorito de todos los que le he leído hasta la fecha, y con él me rendí a sus pies.

El resto de cuentos, con sus más y sus menos, solo confirmaron que me había vuelto una fan de Alicia y que, en efecto, esta conseguía que me reencontrase con el terror. Esta autora no solo tiene voz propia, sino que cuando parece que lo que te cuenta ya lo has «visto» consigue sorprender en cada final. Unos cuantos me dejaron exclamando «Ualah» con admiración.

Tardé poco en escribirle un email entusiasta. Le comenté que, of course, había cosas por mejorar (especialmente en el apartado ortotipográfico), pero que haría lo que estuviera en mi mano para darle voz a esta antología.

«Jajaja. Está claro que me publicito poco», me respondió, aprox. Y es que yo pensaba que Inquilinos era lo único que tenía, y ni de lejos. Buceé en Lektu y descubrí que no solo ha participado en diversas antologías, sino que tiene dos relatos largos (entre trece mil y dieciséis mil palabras) auto publicados: Las voces y Deabru, ambos en modalidad Paga si te gusta. Ni qué decir tiene que me los agencié en cuanto pude. Quería comprobar si solo había sido suerte o si de verdad había encontrado uno de esos diamantes que tanto ansío.

¿El resultado? Pues siendo sincera, una de cal y otra de arena.

DeabruGREmpecé con Deabru y el arranque no me dio más; pero bueno, sabía que con esta mujer las sorpresas vienen al final, así que no pasaba nada. Había que darle tiempo para desarrollar la historia. ¿Y de qué va? Pues de una señora (si no lo entendí mal, de unos sesenta tacos) que se va de turismo a un pueblecito pesquero del País Vasco para desconectar (o quizás deba decir purificar) de los traumas que tiene con su hija. Deabru es el nombre del pueblo, que quizás una vez fue un lugar turístico, pero que ahora tiene pinta de medio abandonado, y la gente con la que se encuentra se empeña en hacerle sentir mal para que se marche.

La historia/situación me sonaba familiar, dado que no era la primera vez que leía o veía en una peli algo del estilo; claro que, para mí, eso nunca fue un problema. Llevo bien los tópicos si están bien contados. Sin embargo, la lectura me resultó un tanto conflictiva. Primero por los errores ortotipográficos que me encontré; segundo, porque tuve que releer un par de veces ciertos pasajes ya que me costaba saber quién había dicho qué; además de la sensación, en unas cuantas ocasiones, de que había habido un cambio de escena y me estaba perdiendo algo. Eso sí, y para variar, el final me moló, aunque me lo veía venir. Oye, un traspiés lo tiene cualquiera.

las_vocesSeguidamente, empecé Las voces y entonces volví a disfrutar como una enana. La historia arranca con la prota despertando en su casa y al lado del ligue que se tiró la noche anterior, y que no es otro que un compañero del curro; de esos que van de sobraos y en traje pero que están buenorros y sonríen que ni pa qué. En principio, su idea es despacharlo sin más, sin embargo, este no parece con ganas de pirar y, al final, acaban jugando al monopoly con unas reglas… un tanto especiales. En realidad, una excusa para contar una historia de fantasmas y, de nuevo, con niños de por medio. ¿Qué tendrán los críos que resulta tan perturbador? Por supuesto, ahí no queda la cosa.

Como digo, devoré el relato en un plis. Quizás, el único inconveniente de Las voces sea que me quedé con la sensación de que le faltaba una o dos páginas más para conseguir un final más redondo y menos precipitado. Eso sí, todo el trayecto fue una delicia. Me encanta la habilidad de esta mujer para que algo común/cotidiano parezca tan cercano y reconocible como retorcido desde el minuto uno.

Dicho todo esto, solo me queda decir dos cosas. La primera es que os animo a leer la antología Inquilinos. Me parece la mejor manera de descubrir a Alicia Pérez Gil, y todo su potencial, con una colección de relatos en lugar de con una única historia. Estoy convencida de que no os arrepentiréis.

Segundo, que estoy deseando leerla en un formato más extenso. No en relato largo, sino en novela corta (más de 17.500 palabras, si me rijo por las bases de los Premios Ignotus) o, lo que más curiosidad tengo, en novela. Creo que esta mujer tiene un potencial enorme y me apena que no se prodigue más. Claro que si es por causas ajenas a ella, ¡muy mal!

Sea como sea, Alicia, por lo que más quieras, no dejes de escribir.

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