Recompensa: Mi primer relato exclusivo para mecenas en Patreon (y aquí mismo un extracto)

por Alicia Pérez Gil

FEAT-VIVIRBuenos días!!!

De nuevo estoy aquí para dejaros el enlace de Patreon. Esta vez con la buena  noticia de que por fin he publicado el primer post exclusivo. Quería asegurarme de cómo funcionaba el sistema de recompensas antes de lanzarme a lo loco.

Ahora, si entráis en el link (que voy a espamear por todo el artículo como una buena novata), veréis la presentación (sé que tengo que cambiarla) y un primer post exclusivo . La pantalla tiene más o menos esta pinta

Captura 1

Si pincháis en el post exclusivo la página os explica en perfecto inglés cómo podéis haceros mecenas de Alicia Pérez Gil; o sea, mecenas míos.

Captura 2

La manera más simple y barata es escoger el nivel 1€ al mes (el de la foto). Ese euro, que se puede pagar con Paypal, dará acceso a TODOS los posts exclusivos, incluido este primer relato, que publique hasta el momento en que os deis de baja como mecenas.

Es decir, NO SE PAGA UN EURO POR CADA POST EXCLUSIVO.

Ni se me ocurriría pedir algo así. Teniendo en cuenta que soy una loca de la publicación en internet, podría arruinar al más pintado.

Por el contrario, UN SOLO EURO MENSUAL GARANTIZA ACCESO A TODOS LOS POSTS EXCLUSIVOS que se publiquen hasta la cancelación de la suscripción.

Por supuesto, si queréis acceder a cualquiera de las otras recompensas (iré aumentando la cantidad y la variedad de las mismas) podéis realizar un mecenazgo superior. No hay límite. Uno o dos millones de €uros me vendrían de perlas.

Mañana publicaré la experiencia suscriptora de mi mecenas número uno que, como no podía ser menos, es mi marido.

Os recuerdo que el motivo de todo esto es VIVIR DE LA LITERATURA Y CONVERTIRME POR TANTO EN LA MEJOR ESCRITORA QUE PUEDA LLEGAR A SER.

Quería que eso quedase claro.

Y os dejo ahora con un extracto del relato, para que no os pille el contenido por sorpresa.

No hay mal que por bien no venga – Extracto

Con la suciedad llegaban la niebla verde y la nube de insectos voladores. La niebla se movía con él, por delante de él; le precedía adondequiera que fuese y mantenía el camino libre de obstáculos. La nube de bichos era otra cosa. Mosquitos de patas kilométricas, escarabajos brillantes, hormigas que entrechocaban las antenas clap, clap, clap como pequeños taladros que bailasen claqué dentro de los cráneos de la gente. A veces Jero creía que se les metían en el cerebro y que sólo él  distinguía  a los poseídos.

Con todo, niebla y bichos eran mejor que los albergues, esos lugares donde las personas daban las gracias con mayor efusividad cuanto menos quedaba de ellas.

Jero no tenía muchas opciones. Podía morirse de frío en la calle o saltarse su regla de oro y pedir ayuda a su ex mujer. Optó por la segunda porque contaba con que Martina nunca se había parecido a los demás; fue la última en soltar lastre y a veces creía verla en lugares en los que no tenía por qué estar. Cuando aparecía cambiaba la tonalidad de la luz y la ciudad se volvía un poco más amable, la niebla y los bichos con alas se esfumaban ante su figura plana, sin pechos ni caderas prominentes. Un cuerpo sobrio, indefinido. Un año antes Jero había firmado, agradecido,  los papeles del divorcio. Por fin podía liberarla del espectro de sí mismo en que lo habían convertido. Ella sí que parecía triste tras la barrera de pelo lacio que le caía ante los ojos en el momento de la firma.

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