Cuidado con 36, de Nieves Delgado. Es una novela peligrosa.

por Alicia Pérez Gil

FEAT-LEEREn mi último post hablaba de la iniciativa “Adopta una autora” y decía que soy una de las autoras adoptadas. Bien, la persona que me ha adoptado es precisamente Nieves Delgado, la autora de la novela sobre la que estás a punto de leer mi opinión.

Es una opinión positiva.

Cuando compré la novela Nieves y yo bromeamos sobre que si me gustaba quedaría raro que hiciera una reseña. Por lo de la endogamia y lo de atusarnos mucho el pelo la una a la otra.Pero es que pasa una cosa. Nieves y yo no somos amigas. No somos leales la una a la otra, ni nos queremos, ni obtenemos ningún beneficio económico o emocional por decir lo que opinamos sobre la obra de la otra, sea esto bueno o malo. Ella ha decidido darle visibilidad a mi trabajo mediante mi “adopción” y yo me he leído su novela y me ha gustado.

Si no lo dijera porque “queda raro” estaría mintiendo por pasiva, que es como mentir por activa pero se ve menos. Y además estaría haciendo una cosa fea, fea, fea: estaría tratando a Nieves peor que Pérez Reverte, de quien sólo sé lo que he leído y al que reseño cuando coincide que me tropiezo con alguna novela suya. Por ejemplo, El tango de la guardia vieja.

No sé cómo están los mundos para que tenga que callarme una opinión positiva porque pueda quedar nepotista. Una opinión sincera, coño.

Bueno, sí que sé cómo están. Lo dice en 36.

36 parece una novela, pero no estoy segura de que lo sea.

Cuando la abres, tiene pinta de novela sí. Y la conserva durante algunas páginas. Hasta que una se da cuenta de que en realidad se trata de un empleo para dummies del método socrático. Creo que Editorial Cerbero la ha publicado en la colección Wyser porque salen robots, pero se parece más a una historia de terror. También se parece mucho a la vida, así que podría ser una novela de docuficción.

36 pasa brevemente por encima de la historia de una IA (Inteligencia Artificial), la que hace el número 36, pero cuenta una fea historia acerca del ser humano.  Disecciona aspectos básicos de la naturaleza humana y llega a algunas conclusiones a las que yo había llegado previamente. Como se trata de un bolsilibro no puedo decir qué conclusiones son esas porque entraría en el proceloso y dañino mundo del spoiler.

36

Sí que puedo decir, aunque no sea buena publicidad esta para un libro, que no es una obra para todos los públicos. Os cuento mi proceso lector: para empezar, yo creía que iba a leer una novela al uso, así que me he puesto a leer una novela. Eso ha tenido como consecuencia que no disfrutara del primer tercio. Porque está narrada con una prosa precisa, no diré que técnica pero sí muy pensada, carente de emoción. Si habéis leído más reseñas mías –opiniones en realidad– sabréis cuánto valoro la emoción en las historias que leo.

Una vez asumido que el libro no iba dirigido a mis entrañas sino a mis neuronas, las he puesto a funcionar a pleno rendimiento. Eso me ha hecho ponerme alerta de varios defectos menores de la obra que no tienen por qué parecerles defectos a todo el mundo. El primero es que veo, en la aplicación del método de la pregunta y la respuesta, un reflejo muy evidente del modo en que la autora se comporta, cuando le apetece, en redes sociales. He leído a Nieves en directo cuando da explicaciones, cuando confronta al interlocutor con sus propios prejuicios y lo hace igual que 36. Repito, cuando le apetece, que es muy suya Nieves para lo de educar gratis. Eso me ha sacado de la historia. No le pasará a quienes no lean su muro de Facebook. Darme cuenta de esto me ha llevado a su vez a preguntarme si más que una novela no sería un vehículo de opinión. Eso no me ha gustado mucho, es de hecho el segundo defecto de mi lista. No me gusta que me adoctrinen. Pero mi reacción natural, que ha sido cuestionar a 36 y sus conclusiones, me ha demostrado que son cuestionables, que muchas de ellas no quedan resueltas en la novela de manera tajante. Así que, bueno, me he reconciliado.

Quizá lo menos bueno de la novela sea el desequilibrio estructural. Para llegar adonde Nieves ha querido llegar (y llegado) eran necesarios al menos dos puntos de vista: el del robot y el de la raza humana. El punto de vista del robot está muy bien resuelto. El elemento mejor utilizado es sin duda esa prosa fría capaz de apuñalar un corazón sin que salpique la sangre. Ayuda mucho que la novela huya como del diablo de la emoción. Ojo a lo que digo ahora porque lo digo yo, la que valora los textos emocionantes y eso: haber dado a esta novela una sola pincelada de lo que comúnmente llamamos sentimientos habría sido TRAMPA, habría sido sobreactuar y habría sido un fracaso.

Dicho esto vuelvo a lo del desequilibrio estructural: tres cuartas partes de la novela nos ponen en el sintético pellejo de 36 y solo una cuarta parte se dedica a explicar la reacción de TODA la especie humana. Es verdad que a la autora no le hace falta más (a esta lectora tampoco), pero disfrutar la novela tal cual está requiere un ejercicio intelectual que no está al alcance de cualquier lector. No es que el final sea apresurado, es que el proceso para llegar a él, por mucho que sea el único final posible, requiere de una gran capacidad para el razonamiento rápido. Y la cuestión es que Nieves Delgado está hablando de cosas muy gordas, muy peludas y con mucho peso. Yo habría agradecido un poco más de tiempo entre el segundo plato y el postre. Ahora me he comido los tres platos pero tengo un poco de empacho.

Podéis apalearme por mi inexistente humildad mientras regreso a lo de que no es una novela para todos los públicos.

No lo es porque requiere conocimientos previos; sobre todo de uno mismo, de los prejuicios que cada uno acarrea. Quien no sepa eso de sí mismo no podrá disfrutar de los matices de 36. No podrá encontrar la emoción maldita, que no está escondida entre las páginas de la novela, sino en la capacidad de ver del lector. Pero no basta con ver. Para leer 36 hasta el fondo hay que hacer otro ejercicio, de honestidad esta vez. Porque de otra manera se haría una lectura intelectual y fría. Y no merece esto un texto que te está preguntando si sabes quién eres. Si de verdad sabes quién eres.

Yo desayuno a menudo después de lavarme la cara y el existencialismo. Lo paso mal porque cada dos o tres días pienso que es que no, que la vida no, que esto, sentido, lo que viene a ser sentido… Vamos, que no. Pero bueno, me froto con jabón y voy tirando. 36 ha sido, para mí, como levantarme de la cama. Ahora toca frotarme bien. Con exfoliante. Para que se me pase el mal rollo.

Como diría una amiga mía, es esta una novela incómoda porque apela a la verdad del lector y no a la verdad escrita en sus páginas.

Y por eso los lectores incautos y los lectores inexpertos quizá se lleven una sorpresa desagradable. Todos los demás la disfrutarán y la guardarán en el sitio donde se guardan las verdades. Ahí la he puesto yo.

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