Flores para Algernon: ¿Por qué lo llaman ciencia ficción cuando quieren decir realidad y terror?

por Alicia Pérez Gil

FEAT-LEERDaniel Keyes ganó un premio Hugo por el relato original y un Nébula por la novela a la que dio lugar. Ambos merecidos. Pero antes de eso trabajó como marino mercante, luego se graduó en sicología y de paso decidió dedicarse a editar ficción con Marvel Science Fiction. Se trata de un escritor muy poco prolífico (apenas cuatro novelas incluyendo esta) especialmente interesado en la complejidad de la mente humana. Y por eso me gusta.

En Flores para Algernon cuenta la historia de Charlie Gordon, un hombre de treinta y dos años con una discapacidad intelectual severa cuya inteligencia se ve triplicada en un periodo muy breve de tiempo gracias (o por culpa de) a un experimento científico. Por supuesto, la tesis de la que parte el experimento no es del todo correcta y Charlie descubre, en el pico de su inteligencia, que volverá a su estado primitivo tan rápido como lo abandonó. Nos encontramos por tanto ante un viaje del héroe de ida y vuelta con un final poco halagüeño. Si visteis Despertares y os hizo polvo, ya sabéis lo que os espera.

También es la historia de Algernon, un ratón de laboratorio que pasa por la misma experiencia que Charlie. Un ratón muy inteligente que en cierto momento se retrae, se castiga y, finalmente, de un modo consciente y doloroso, aprende que perderá la inteligencia que le hace tan especial. Los ratones de ese laboratorio son incinerados tras su muerte; sin embargo Charlie, como sabe que no existe ninguna diferencia entre la rata y él, pide poder enterrarlo. también le lleva flores a la tumba. De ahí el título.

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¿Es una buena novela?

Sí: Es una novela inteligente, atractiva, de lectura rápida que solo ha envejecido en cuanto al método científico y en cuanto a la actualidad inmediata; en las páginas se respira cierto ambiente a lo Mad Men. Por lo demás, se puede leer sin notar los casi 80 años que han transcurrido desde que se escribió.

En cuanto a cómo está escrita, como el narrador siempre es Charlie Gordon, que cuenta su propia historia a través de unos “informes de progresos” que escribe él mismo, el mayor esfuerzo del autor es hacer que la evolución del lenguaje del protagonista refleje la evolución de su inteligencia tanto de subida como de bajada. También es su mayor logro. En toda la primera mitad, Keyes se las apaña muy bien para mantener un lenguaje adecuado sin abusar de la emoción. Habla una persona con una discapacidad intelectual grande que no sabe identificar sus sentimientos pero que, en cambio, los describe a la perfección. Y el lector se da cuenta, sin necesidad de florituras, de lo lejos que está Charlie de percibir la realidad en toda su crudeza, con lo que la carga emocional es máxima. Esto se pierde en la segunda parte, donde los informes son más precisos, más intelectuales, y el protagonista menos simpático.

¿Error del autor? No. Efecto buscado. Uno de los temas del libro es la pérdida de la inocencia. Igual que Adán y Eva pierden la suya al comer del árbol de la ciencia, Charlie deja atrás al ser humano confiado y encantador que siempre fue cuando se convierte en una persona inteligente. Charlie, que deseaba ser listo para que todos le quisieran, para que su madre le tratara con el mismo cariño con que lo hacía antes del nacimiento de su hermana pequeña, se encuentra con que su inteligencia asusta a quienes de todos modos nunc habían sido sus amigos y hace sentirse inferiores incluso a los científicos que se la procuraron.

Otro de los grandes temas es, por supuesto, el maltrato a los discapacitados, que no se ve desde un solo punto de vista. A lo largo de su vida Charlie se ha encontrado con personas crueles, como sus compañeros de trabajo o su madre; pero también con personas que lo querían y lo trataban con compasión. En este último caso siempre desde una posición de superioridad y paternalismo (su padre, por ejemplo). Los profesores que lo tratan ni siquiera consideran que fuera un ser humano antes de volverse inteligente y esto frustra a Charlie más que ninguna otra cosa. Pero él mismo asiste al maltrato de otro hombre discapacitado y participa en él en cierto punto de la segunda parte de la novela, como si el autor pensara que es imposible sustraerse a determinadas emociones que determinan ciertas acciones.

Y es que las emociones son otra piedra de toque de la novela. Más concretamente la disociación entre el intelecto y la emoción. Charlie vive desconectado bien de la emoción o bien del intelecto. Quizá sea esta parte la más difícil de asumir como lector; sin embargo está bien manejada. El Charlie inteligente no consigue empatizar con nadie, ni siquiera con él mismo, hasta el punto de que cree ver a su antiguo yo acechándole en las sombras. Las relaciones que establece con el resto de personajes son fascinantes por esto mismo, por el grado de conciencia que les aplica, por la poca naturalidad.

Leedla. Merece la pena visitar estos clásicos que los grandes críticos nunca colocan en las estanterías. Y ya si eso, pues me contáis J

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