Exposición “Mateo Maté”: Canon

por Alicia Pérez Gil

FEAT-MIRARReconozco que tengo una manera propia de acercarme a una exposición de fotografía, pintura, escultura o cualquier otro arte. No reivindico que sea una forma original o única de hacerlo, sólo digo que es la mía. Tampoco creo que sea la mejor. A mí sin embargo me sirve. Este modus operandi tiene mucho que ver con mi relación con la literatura también. Me refiero a lo que escribo yo. Ya sabéis: en cuanto termino un texto, se me olvida lo que he escrito. En parte porque creo en el exorcismo y en el vaciado a través de las letras y en parte porque también creo que, una vez expuesto al lector, el texto deja de pertenecerme. Esto me está dando algunos quebraderos de cabeza a la hora de participar en la lectura conjunta de Inquilinos. Porque dije que contestaría a los lectores y la verdad es que me cuesta horrores acordarme de cuál era mi intención cuando escribí. De hecho, estoy releyendo.

En cualquier caso, esta actitud que tengo respecto a mi obra la tengo también respecto a la obra ajena y por eso ahora que voy a hablar de Canon, la exposición de Mateo Maté que se puede visitar ahora en la sala Alcalá, 31 de Madrid, no voy a decir nada de su autor, ni del sentido que él mismo o el comisario de la muestra le dan. Hablaré en cambio de lo que yo vi, que está mediatizado por cómo estoy viviendo ahora.

La información oficial, por supuesto existe, es bueno conocerla y podéis encontrarla en la web de Alcalá 31 y en la Web del propio Mateo Maté.

PLANTA SUELO

La sala es preciosa, blanca, con techos abovedados y lámparas muy pesadas. Se trata de una nave similar a la central de una iglesia, de paredes blancas y suelos de piedra gris muy claros. En este caso la planta se ha dividido en forma de laberinto. Antes de entrar en ese camino dividido, abrupto y engañoso ya se tiene acceso a dos obras: una escultura mitas hombre y mitad mujer, desnuda; y otra que muestra un torso masculino cuya mitad inferior aparece cubierta con una túnica aparentemente femenina.  Para acercarse a ambas, Alicia, que soy yo, que somos todos, tiene que dar un paso y adentrarse en la madriguera del conejo. Se encuentra así dentro del laberinto y, un poco más adelante, ve dos estatuas más: dos hombres sin cabeza.

¿Mi interpretación? Sencilla y evidente: si sigues por este camino, por cualquiera de estos caminos, te explotará la cabeza. Te va a tocar deconstruir lo que sbes del cuerpo humano tal y como ha sido representado a lo largo de la historia. Te va a tocar replantearte si el canon griego sigue vigente y, lo sentimos, pero, la respuesta a va ser que no.

Esta exposición, de esculturas blancas, de un blanco nuclear, que juega con obras de arte tan conocidas como la Venus de Milo, el Doríforo de Polícleto o el Discóbolo de Mirón, nos pone delante de hombres y mujeres negros (vaciados en escayola blanca ad maiorem gloria de la sorpresa), de mujeres y hombres ancianos de mujeres y hombres que nos obligan a cuestionarnos si son hombres, mujeres o pertenecen a un tercer o cuarto género y de personas cuyos genitales se obvian. También hay mujeres embarazados, hombres gordos, un cristo sin brazos que enseña pene y testículos y un esqueleto con gajos de carne (en perfecta escayola blanca).

Curiosamente (o no) las esculturas no pierden equilibrio, delicadeza o armonía. Se trata de obras que conservan incólume el maldito canon y que a la vez lo destrozan. Obras dispuestas de manera aparentemente aleatoria cuya contemplación solo es posible tras recorrer una serie de recovecos que, desde mi punto de vista, representan el camino necesario para una deconstrucción personal que nos permita ver que sí, que hay más de un tipo de mujer, más de un tipo de hombre, más de una raza, más de una edad.

Canon es la exposición que desbarata de un manotazo el eslogan del autobús naranja. Y hay que verla porque es bella y porque es diferente. No provoca, no pretende nada más que mostrar la cantidad de realidades diferentes que se esconden tras lo que nosotros consideramos una realidad única.

Os dejo unas fotos (permitidas) y la recomendación de que os deis un paseo por allí y me contéis luego qué os ha parecido. A mí me reconcilió un poco con el ser humano.

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