Categoría: vivir

Una historia de terror real: el trastorno reactivo del apego. Abrazad, insensatos.

FEAT-VIVIREn este momento yo debería estar escribiendo la emocionante historia de un Jesús enamorado, poseído por demonios, que se arrastra a través del desierto de Galilea porque Juan el Bautista ha creído que así podrá escapar de quienes le persiguen por haber matado a José, su padre.

Sin embargo, hay algo bello en la literatura por mucho que la literatura la firme Stephen King, que no es un hombre al que se suela relacionar con la belleza. Hacía ya un tiempo que no releía nada. Hay tanto nuevo, tanto bueno, tanto desconocido, tanto interesante, que he andado como pollo sin cabeza. Pero en septiembre estrenan la nueva versión de IT y quiero llegar con las cosas razonablemente recientes, pero no tanto como para no disfrutar de los huecos o licencias que se tome la película.

Hace  unas semanas, como cinco, terminé 22/11/63, que es una gran novela de amor, digan lo que digan quienes lo digan. En el primer tercio King hace que su protagonista pase por Derry y se encuentre con dos de los chicos de IT: Richie y Beverly. Además se complace en la recreación de la ciudad maldita, de lo que está muerto en esa ciudad. Se trata de un par de capítulos, pero bastaron para que la chica de catorce años que vive por ahí, en algún lugar entre mis riñones y mi laringe, se sintiera como si estuviera viendo las fotos del instituto. Casi no tengo fotos reales de aquella época y doy gracias porque fue una época horrenda, pero sí tengo recuerdos muy vívidos de algunas de las novelas que leí entonces. Por ejemplo, IT.

Con IT creé uno de los primeros vínculos literarios que recuerdo. El ejemplar de mi madre, comprado a Círculo de Lectores, corrió la misma suerte que el de El Señor de los Anillos, de la misma procedencia. Ahora están en mi casa, desvencijados, vividos, exprimidos, como todos los libros deberían estar. No en vano pasaron por las manos de al menos cuatro adolescentes y algunos pares de adultos ¿Si prefiero los libros nuevos? Me gusta el olor de la tinta, me encantan las librerías PERO no: prefiero los libros usados. De hecho yo no leo mis libros, los uso. Pinto, subrayo, escribo. Sé que esto me hace acreedora de una entrada VIP al infierno de los bibliófilos, pero así soy yo.

Creé vínculos gracias a Sherlock Holmes, Raistlin Majere, Frodo Bolson y Ben Hascom. Recuerdo en primer lugar la cara de idiota que se me quedó cuando descubrí que Mike Hanlon, el hombre que pone la trama de IT a rodar, era negro. Yo vivía en un pueblo de 12.000 habitantes del Valle de Ayala, donde la más morena era yo, que soy sólo un poco menos pálida que un cadáver. Recuerdo frases como que “la tortuga no pudo ayudarnos” claro, y el pasaje de la sangre que sale a borbotones del lavabo. Recuerdo a Bill el adulto pedaleando a duras penas en Silver. Lo recuerdo con la misma consistencia con la que recuerdo las vacaciones (reales) de aquel verano. Recuerdo los libros con mucho más cariño y mucho menos dolor que la vida.

Y sin embargo.

Sin embargo, por mucho que me emocione y que me parezca bello, sé que hay algo morboso e incorrecto en todo esto. Porque a veces me cuesta distinguir lo que es verdad de lo que no. Seguro que habéis leído eso que dicen de que el cerebro no es capaz de diferenciar entre que hagas unas abdominales y que visualices que las estás haciendo. Os suena ¿no? Yo diría que es falso. Igual que digo que en mi caso es cierto que mi cerebro no diferencia, a nivel emocional, lo que me pasa a mí de lo que les pasa a los personajes con los que me identifico.

Los sicólogos hablan de una cosa que se llama desapego. Existe un desapego bueno, que es el que te permite dejar marchar el dolor, o a la gente que no te merece. Es un mecanismo para superar los malos tragos. Y luego hay desapego del malo. No me haré la víctima: yo tengo de los dos 😉

Vale, el desapego negativo es el que a veces hace que me sienta muy muy mal. Y os lo cuento por si conocéis a alguien que lo tenga todo y a quien no entendéis cuando os dice que está triste, que se siente solo o que se siente feo. Para procurar que en vez de mirarle como a un bicho raro, le deis un abrazo. Un abrazo, no hace falta que le digáis que es guapo, listo e importante. Él ya lo sabe, pero no lo siente. Necesita sentirlo, así que abrazadle.

Y no valdrá con que le digáis nada porque esto del desapego malo es un poco como esas experiencias extracorporales que salen en las películas o en los libros: y entonces fue como si saliera de mi cuerpo y viera mi vida desde fuera. Yo veía lo que hacía, pero no parecía que fuese yo, sino otra persona.

Así es, ni más ni menos. Por algún motivo este efecto se desencadena y uno (en este caso yo), sabe que tiene una hermana guay, un sobrino nuevo al que tiene que conocer, un marido al que quiere con locura (y que la quiere con la misma locura), un trabajo razonablemente cómodo, cuatro gatitos que son cuatro amores, una bonita casa, un cuerpo sano, unos ojos bonitos, un pelo maleable, cierta inteligencia, algún talento para lo de contar historias, una red de amigos. Yo sé que tengo todo eso, pero es como si no fuera mío. No soy capaz de conectarme con todas esas cosas buenas. Como si se produjese un cortocircuito o como si hubiera venido el hombre del saco y las hubiera metido todas dentro de su bolsa.

Así que en mi cabeza solo quedan las cosas malas: las que dan miedo, las que dan vergüenza, las que no me gustan, las que me hacen sentir mal, los deseos incumplidos.

Si habéis leído Coraline, de Neil Gaiman, quizá os sea más fácil entenderlo: los padres reales de Coraline desaparecen y ella debe huir de la madre falsa, mala y hueca. Pues bien, yo me siento mala, falsa y hueca, como si me hubieran robado todo lo bueno.

Luego, de una manera también misteriosa, me reconecto conmigo y con mi vida y siento el amor y la alegría y me reconozco guapa, lista e importante.

Todo esto está relacionado con el trastorno reactivo del apego, que es malo, feo y alberga más horrores que la noche y también con la ciclotimia. En ocasiones no sientes nada bueno y por tanto cuando eres capaz de sentirlo, te lanzas a tumba abierta, ya sea a vivir en Derry o a enamorarte de Dylan McKey. Lo que haga falta con tal de que te quieran, lo que haga falta con tal de formar parte.

Así que ya sabéis: si conocéis a alguien que lo tenga todo para ser feliz y veis que está genuinamente hecho polvo, pasad de discursos: dadle un abrazo. El contacto es la mejor manera de conectar. El contacto une lo que el cerebro, a veces, desconecta.

 

 

 

Aquellos muertos que, por morir, no envejecieron

FEAT-VIVIRComo soy humana soy injusta y como soy injusta detesto a John Lennon. No me hizo nada. De hecho, ni siquiera le detesto a él especialmente, sino a las hordas de lennonistas que no se paran a pensar en lo que habría quedado del ídolo si no lo hubieran matado.

Motivos para detestarles no tengo. La verdad es que tampoco me han hecho nada. Como los mejores terroristas, me asusta lo que no comprendo y no comprendo el éxito de un tipo que a mí me pareció siempre mediocre. Y luego está lo de la pertenencia, claro. No me identifico con el fandom de Lennon, así que les odio. Es un mecanismo simple. Por eso procuro no hablar de él, porque me ciega la irracionalidad.

Además, yo he sido fan de varios muertos mucho más jóvenes que él, que al menos llegó a los cuarenta. He sido fangirl de Janis, de Jim y de Kurt (Hendrix me la sopló siempre, es lo que hay) y el otro día me di cuenta de que murieron hace 16 años. Es decir, hace 16 años yo tenía 27. Dios, a los 27 yo era una niñata impresentable. Tampoco es que sea menos niñata ni menos impresentable ahora. Ahora, cuando veo a gente de menos de treinta me siguen dando cierta ternura (los que no se manifiestan a primera vista como gilipollas integrales). Pero aquellos tres se ahogaron en sus drogas y nos dejaron bonitas y oscuras canciones que yo visito cuando me siento oscura y nada bonita.

Envejecen quienes se lo pueden permitir, supongo.

Qué poco respeto.

En cualquier caso, me pregunto qué habría sido de Cobain y de su rabia, de su dolor, si hubiera dejado la heroína. Qué habría sido de Janis o de Jim, de quiénes hoy me siento más lejos. Me pregunto si, pasado el mal trago de no haber muerto, habrían seguido viviendo y escribiendo bonitas y oscuras canciones. O si habrían muerto de todos modos.

Me pregunto si alguien habría escrito alguna canción atroz titulada Scream like Cobain en lugar de una que va de moverse como Jagger. Usted ya me entiende. O si ahora a Lennon se le conocería como la otra señora mayor, la que va de gira con Mccartney.

Death is merciful.

 

La angustia y el miedo que se aprenden. Esos, los que no dejan respirar.

FEAT-VIVIRHoy hablaremos de la angustia y del miedo.

Hoy hablaremos de acostarse con la convicción de que algo horrible pasará por tu culpa, porque has cometido un error.

No, no se trata de desencadenar una guerra mundial, sino una confrontación cualquiera, mucho más pequeña.

Veréis, para que la angustia sea real y el miedo resulte paralizador, primero hay que abonar el campo.

Pongamos un niño pequeño, o una niña; en esto del terror tanto da un género como otro.

Pongamos una pequeña persona de uno, dos o tres años de edad. Una persona muy pequeña con un control muy escaso de sus emociones y por tanto de sus reacciones. Una persona con sus ojos, sus manitas suaves y toda la curiosidad de alguien que acaba de llegar al mundo, que empieza a andar, que se pone de puntillas como en precario y a lo  mejor ni siquiera alcanza a que le asomen los dedos por encima del mostrador de la cocina.

¿Os la habéis imaginado ya? ¿Y os da ternura?

Pongamos que esa personita hace sus cosas de personita: a lo mejor se hace pis, o a lo mejor tiene una rabieta por algo que no puede explicar porque todavía no habla. A lo mejor es torpe y se tropieza a menudo. A lo mejor es una persona cantarina o se divierte golpeando sus juguetes porque, no nos engañemos, no hay mucho más que se pueda hacer a esas edades. Y si no lo creéis,  acercaos a una tienda de juguetes: todo son formas redondeadas, colores vivos y sonidos nuevos.

Pongamos que todo lo que hace se convierte en motivo de reconvención. No hablo de grandes broncas (aunque puede ser que se den), sino de regañinas, de malas caras, de privaciones (no jugaré contigo porque has hecho ruido y me has molestado), de ausencias (no te querré porque te has ensuciado), de amenazas (si se vuelve a repetir, te vas a enterar; tú no sabes lo que vale un peine; que no me entere yo de que vuelve a pasar esto).

No tengo que deciros quién posee el poder absoluto para convertir todas esas pequeñas cosas, que son pequeñas, que son humanas, en herramientas de coerción de la voluntad. Lo sabemos todos.

Pongamos que esa personita encuentra un nicho de elogios (de besos y abrazos no; digo de elogios y sonrisas).

Pongamos que esos elogios vienen de la mano de unos números que van desde el siete hasta el diez porque los que van desde el cinco hasta el siete son pura mediocridad y no existe vida por debajo del número cinco.

La cuestión es que esa pequeña persona crece y lo que sabe de sí misma es que su curiosidad molesta a las personas de las que depende, que cuando hace ruido incomoda a esas mismas personas pero que el reconocimiento por lo que aprende le reporta sonrisas. Así establece la identidad entre el resultado y el amor. Crece por tanto pensando que lo que hace de manera natural es incorrecto y sabe, además, que esos errores suyos dan lugar a castigos, mientras que un buen resultado reconocido por alguien ajeno a ella misma, da lugar a cierto bienestar.

Espero no ser la única que se de cuenta de que crecer así determina el modo en que cualquiera se enfrenta a las novedades: a la escuela, al instituto, a un primer trabajo o solo a un trabajo nuevo.

Espero no ser la única que ve con claridad que cada vez que una persona grande educada como una de esas personas pequeñas de las que hablaba hace unas líneas revive cada vez que se equivoca los castigos, las privaciones de amor, el sentimiento de inadecuación. Espero que me acompañéis también en el entendimiento de la fragilidad de lo bueno, que depende siempre del juicio de otros, que no es estable ni duradero.

Espero que comprendáis todos que es de ahí –en los casos a los que me refiero. Hay otros cuadros, otros ejemplo, otras causas para la autoestima destrozada-, de donde surgen la angustia y el miedo que a algunos no nos deja respirar por las noches, que convierte la vida en una sucesión dolorosa de días con sus noches, a veces en blanco, a veces pobladas de pesadillas. Es de ahí de donde surge, cuando hay suerte, la literatura verdadera.

A quien madruga…

FEAT-VIVIRNo os voy a engañar: levantarse temprano para ir a trabajar me horroriza. La sola idea de tener que ganarme la vida (coño, pero si ya la tengo, y sin haberla pedido) me horroriza. Yo he nacido para el ocio, como muchos.

De todas formas, el metro, que es mi mayor fuente de ideas y de experiencias extrañas, a veces me sorprende con bonitos episodios mañaneros. Por ejemplo hoy. Hoy subía por el tramo de escaleras no mecánicas de mi estación de destino con los auriculares diciéndome cosas inofensivas y el Kindle encendido en una compilación de cuentos de Alice Munro cuando, de repente, he levantado la vista y he visto a un chico  (o una chica muy delgada, no puedo asegurarlo) que se ponía a sonreír como loc@, miraba a la derecha y alzaba el brazo, puño cerrado, tatuaje tribal en el antebrazo.

A la derecha de las escaleras se suele colocar un músico que a veces me despierta con la banda sonora de Juego de Tronos, así que me he quitado un auricular para ver qué sonaba hoy y ahí estaba: Star Wars a todo trapo a las ocho y media de la mañana, el túnel pintado de verde, mis tacones altos incómodos a esas horas, el chico o la chica con sus vaqueros caídos, sudadera negra, pelo corto revuelto, sonrisa de partir la cara en dos, el puño en alto, el tatuaje, su chica (esta era una chica) gordita, con vaqueros salpicados de lejía y cara de sueño. Y en el momento cumbre de la obra de John Williams, ya en las escaleras mecánicas, se han abrazado, se han besado con pasión y la vida ha vuelto a la más insulsa normalidad.

Y ahora seguimos con la mañana, señoras y señores.

Adopta a una autora: la antítesis de un relato de terror machista.

FEAT-VIVIR¿Cuántas de vosotras, cuántos de vosotros, habéis dicho alguna vez eso de que las peores enemigas de las mujeres son las mujeres?

Pocas cosas hay que me hastíen tanto como esa afirmación.

La última conversación que tuve al respecto, en Facebook, hace ya algunos meses,  terminó con el cruce de dos mensajes entre otra mujer y yo. Yo había dicho que en mi vida profesional las mujeres jamás me habían apuñalado por la espalda. Ella contestó que qué buena suerte había tenido, que su experiencia era otra muy distinta. Mi último mensaje fu: qué mala suerte has tenido, mi experiencia ha sido la que ha sido.

No, las mujeres no somos nuestro peor enemigo. Se me cae la lengua a trozos y las yemas de los dedos se me despegan de decir que las mujeres hemos sido educadas en el mismo sistema lamentablemente machista que los hombres. No tenemos más responsabilidad que ellos de vivir donde vivimos ni debemos exigir a una mujer mayor conciencia feminista que a un hombre. Eso, queridas y queridos, es machista.

¿Que nos duele más contemplar cómo una mujer obedece las reglas del heteropatriarcado este? Pues claro, que nos duele.  Pero hay que distinguir entre lo que deseamos y el reparto de responsabilidades por lo que no obtenemos. Si hombres y mujeres deben disfrutar de igualdad de oportunidades y derechos, esa igualdad hay que aplicarla a la responsabilidad de educarse en el feminismo (y al derecho a no hacerlo, ellos y ellas sabrán).

En cualquier caso, venía yo a hablar hoy de una iniciativa surgida de un grupo de mujeres que beneficia directamente a otras mujeres (y luego ya a todo el mundo): Adopta a una autora. Un proyecto que consiste en dar visibilidad a la literatura escrita por mujeres. Hombres y mujeres por igual tienen la oportunidad de sumarse a este proyecto adoptando a una autora. La adopción, que se realiza rellenando el formulario de la web, consiste en (cito el blog del proyecto): “El objetivo del proyecto Adopta una autora es dar a conocer la vida y obra de autoras pertenecientes a todas las épocas, nacionalidades, lenguas, géneros literarios y formatos de lectura. Para ello, una persona adopta a la autora de su elección para hablar de ella todo lo que pueda y más. Este proyecto es de larga duración. Estamos hablando de meses, incluso años. Hay que dedicarle tiempo, esfuerzo y muchas ganas.

Como su nombre indica, «Adopta una autora» consiste en adoptar a una escritora durante un periodo indefinido de tiempo en el que hablarás, escribirás y compartirás información sobre su vida y obra. El objetivo es promover, difundir y dar a conocer a la escritora que adoptes.

La colaboración no tendrá ningún tipo de remuneración económica.”

Es decir: hombres y mujeres (muchas mujeres por lo que he visto en la lista de autoras adoptadas, entre las que me encuentro) trabajan gratis para beneficio de otras mujeres.

Habrá quien diga que sí, pero que esto no invalida todas esas experiencias propias en las que horribles mujeres de la especie trepa han apuñalado por la espalda a otras mujeres en entornos laborales. Me da una pereza increíble hablaros de que eso no es una cuestión de ser o no malas mujeres, sino una pura cuestión de cultura del trabajo. A ver si ahora los peores enemigos de los hombres van a ser los hombres trepas. No: los peores enemigos de los trabajadores no son los otros trabajadores.

Claro, que es lunes.

Centrémonos. Para colaborar con esta autora en particular (donde colaborar significa ayudarla a que siga escribiendo), puedes dirigirte aquí.

Recompensa: Mi primer relato exclusivo para mecenas en Patreon (y aquí mismo un extracto)

FEAT-VIVIRBuenos días!!!

De nuevo estoy aquí para dejaros el enlace de Patreon. Esta vez con la buena  noticia de que por fin he publicado el primer post exclusivo. Quería asegurarme de cómo funcionaba el sistema de recompensas antes de lanzarme a lo loco.

Ahora, si entráis en el link (que voy a espamear por todo el artículo como una buena novata), veréis la presentación (sé que tengo que cambiarla) y un primer post exclusivo . La pantalla tiene más o menos esta pinta

Captura 1

Si pincháis en el post exclusivo la página os explica en perfecto inglés cómo podéis haceros mecenas de Alicia Pérez Gil; o sea, mecenas míos.

Captura 2

La manera más simple y barata es escoger el nivel 1€ al mes (el de la foto). Ese euro, que se puede pagar con Paypal, dará acceso a TODOS los posts exclusivos, incluido este primer relato, que publique hasta el momento en que os deis de baja como mecenas.

Es decir, NO SE PAGA UN EURO POR CADA POST EXCLUSIVO.

Ni se me ocurriría pedir algo así. Teniendo en cuenta que soy una loca de la publicación en internet, podría arruinar al más pintado.

Por el contrario, UN SOLO EURO MENSUAL GARANTIZA ACCESO A TODOS LOS POSTS EXCLUSIVOS que se publiquen hasta la cancelación de la suscripción.

Por supuesto, si queréis acceder a cualquiera de las otras recompensas (iré aumentando la cantidad y la variedad de las mismas) podéis realizar un mecenazgo superior. No hay límite. Uno o dos millones de €uros me vendrían de perlas.

Mañana publicaré la experiencia suscriptora de mi mecenas número uno que, como no podía ser menos, es mi marido.

Os recuerdo que el motivo de todo esto es VIVIR DE LA LITERATURA Y CONVERTIRME POR TANTO EN LA MEJOR ESCRITORA QUE PUEDA LLEGAR A SER.

Quería que eso quedase claro.

Y os dejo ahora con un extracto del relato, para que no os pille el contenido por sorpresa.

No hay mal que por bien no venga – Extracto

Con la suciedad llegaban la niebla verde y la nube de insectos voladores. La niebla se movía con él, por delante de él; le precedía adondequiera que fuese y mantenía el camino libre de obstáculos. La nube de bichos era otra cosa. Mosquitos de patas kilométricas, escarabajos brillantes, hormigas que entrechocaban las antenas clap, clap, clap como pequeños taladros que bailasen claqué dentro de los cráneos de la gente. A veces Jero creía que se les metían en el cerebro y que sólo él  distinguía  a los poseídos.

Con todo, niebla y bichos eran mejor que los albergues, esos lugares donde las personas daban las gracias con mayor efusividad cuanto menos quedaba de ellas.

Jero no tenía muchas opciones. Podía morirse de frío en la calle o saltarse su regla de oro y pedir ayuda a su ex mujer. Optó por la segunda porque contaba con que Martina nunca se había parecido a los demás; fue la última en soltar lastre y a veces creía verla en lugares en los que no tenía por qué estar. Cuando aparecía cambiaba la tonalidad de la luz y la ciudad se volvía un poco más amable, la niebla y los bichos con alas se esfumaban ante su figura plana, sin pechos ni caderas prominentes. Un cuerpo sobrio, indefinido. Un año antes Jero había firmado, agradecido,  los papeles del divorcio. Por fin podía liberarla del espectro de sí mismo en que lo habían convertido. Ella sí que parecía triste tras la barrera de pelo lacio que le caía ante los ojos en el momento de la firma.

PATREON II: Lo que no haga una por dinero

FEAT-VIVIRHay que vivir, señoras y señores.

Lo hablaba el otro día con una amiga: tengo ya una edad y llevo la mayor parte de los años a los que corresponde el número que identifica esa edad atada a puestos de trabajo drenantes. He sido telefonista erótica, he leído el tarot por teléfono, he servido hamburguesas, he cuidado ancianos y me he empleado como secretaria (esto último durante los últimos doce años).

Se trata de una vida animada, no voy a negarlo; pero también es una vida que me obliga a apartar de la cabeza todas las historias que quiero contar, que quiero contaros a vosotros (y a todos aquellos que deseen leerlas).

A ser posible me gustaría que este contar historias mío se produjese de espaldas al GRAN MERCADO EDITORIAL, que es un monstruo devorador de autores:

  • Una industria donde los distribuidores almacenan los libros de las pequeñas editoriales porque así cobran el almacenaje. No los distribuyen, no, los dejan pudrirse en sótanos y los devuelven intactos, sin que se ahya producido una sola venta.
  • Una industria que en este país nuestro no cuenta con una manera fiable de saber cuántos libros se han vendido efectivamente, con lo que las cifras de liquidación de derechos dependen de la escasa generosidad de los editores.
  • Una industria donde el tipo que hace todo el trabajo, el tipo o la tipa que se saca mundos de la nada, es el último mono.

Ojo, ese es el panorama general. Me consta que existen oasis que salpican el desierto.

No quiero entrar ahí, no es mi deseo. Mi deseo es escribir, hacerlo lo mejor posible y, bueno, vivir de ello.

No todos los deseos se cumplen, pero que no sea, al menos en este caso, porque yo no lo intente.

Esto de las historias escritas y leídas debería ser –en mi piruleta esférica- una relación entre escritor y lector. De ahí mi empeño en publicar en Lektu en la modalidad “Paga si te gusta” y de ahí mi entrada en Patreon.

De esto último vengo a hablaros hoy.

Patreon me permite buscar mecenas y a esos mecenas hay que ofrecerles algo.

Hace poco hablaba de que hay que convertir los libros en bolígrafos de Hello Kitty para que los lectores menos dedicados los compren. Porque invertimos hasta 7€ en un boli de Hello Kitty pero pirateamos libros de un solo euro. Mientras encuentro la manera de convertir mis relatos y novelas en merchandising, se me ha ocurrido que puedo ofrecer, como recompensa a mis mecenas, lo más parecido a un cuaderno de gatitos: mis manuscritos.

Escribo cantidad de borradores, imprimo, tacho, tomo notas, uso notas adhesivas de colores y bolígrafos con coloridas tintas. En serio, no estoy tan lejos de Hello Kitty.

Aunque puede que lo mejor de estos borradores sea que acercarán más al lector a mi proceso creativo, a mi modo de entender la escritura.

Por eso, en número limitado, pongo en oferta tres borradores. Uno de ellos el de la foto. Os espero en mi página de Patreon, que poco a poco se irá llenando.

BORRADOR MANUSCRITO

Slenderman anoche en casa. Una historia real; al menos para Anissa, para Morgan y para mí.

FEAT-VIVIREn 2014 dos niñas de 12 años apuñalaron a otra, de trece.  En un pueblo de Wisconsin, para que estemos más tranquilos. Ya sabéis que Japón y Estados Unidos son esos lugares donde ocurren “cosas”. Cosas como que unas niñas apuñalen a una compañera de clase porque, bueno, si no lo hacían, Slenderman mataría a sus familias.

Eran dos niñas raras, la verdad. Ya sabéis, raras pero no tanto: una que no lloró con la muerte de la madre de Bambi y otra víctima de acoso escolar. Una hija de un padre esquizofrénico y otra que mentía a su mejor amiga para ocultarle los abusos a los que era sometida en el colegio.

Niñas de internet. Bueno, y niñas de su vida real, claro. O sea, crías de doce años con un iPad y con tablets y con gafas y con unas bonitas sonrisas. Una de ellas no mostraba remordimiento durante los interrogatorios. Sí, la que resultó que también padecía esquizofrenia, la que gritaba a Bambi “¡Corre, sálvate tú mismo!”, la que no quiere salir a la calle nunca más, la que nunca estará sola porque todo lo que imagina es real para ella.

Por lo general, cuando veo la tele yo sola, no hay nadie a mi lado.

Por lo general.

Anoche el padre de Morgan, la niña más rara de la pareja de niñas raras, lloraba en el documental  porque, en fin, él sabía que los patrones de luz en los que para él se descompone el mundo, no son reales. Pero no podía hablar con su hija; no podía explicarle a esa niña rubia con sonrisa de ángel y gafas de pasta que su mundo imaginario no existe de verdad.

Mientras lo decía, desde la pantalla plana de mi televisor, un hombre muy alto vestido con un traje negro se sentó a mi lado en el sofá vacío. No tenía rostro.

La otra niña, la que parece menos rara porque llora, hablaba sin tapujos de lo ocurrido, de sus sentimientos. Al parecer tenía miedo y muchos deseos de que Slenderman la aceptara como sirviente. En inglés decían proxy “apoderada”. Anissa es el nombre de la niña asustada que, creo yo, quería dejar la escuela y los abusos. Anissa no veía el mundo detrás de una pantalla de ruido estático. Yo tampoco, yo solo veo la estática cuando cierro los ojos.

Cierré los ojos un momento y comprobé que sí, que veía estática. Si cerrara los ojos ahora también la vería. No es que la estática me haya llevado a matar a nadie. Eso no.

Así, con los ojos cerrados, el hombre altísimo se hizo todavía más alto, sentado en mi sofá necesitó encorvarse porque la cabeza le llegaba hasta el techo y se daba en la barbilla con las rodillas. No le veía, pero sentí que estaba cómodo. Lo sentí así cuando me cogió la mano. Era una mano templada, amiga. Una buena mano para coger mientras ves, sola en tu casa, un documental de crímenes.

Anissa y Morgan serán juzgadas como adultas debido a la violencia del crimen. La abuela de Anissa no lo entendía. Decía en el vídeo (también ella llevaba gafas) que las niñas habían sido sinceras y que parecía que admitir los hechos, que no huir, que no engañar, jugaba en su contra. Tampoco yo lo entiendo.

Pero lo que menos entiendo es eso de la realidad. Ya sé que para vosotros lo horrible es que dos niñas apuñalaran a una tercera. Pero a mí lo que de verdad me da miedo en esta historia es lo rígida que casi todos dicen que creen que es la realidad. Como si nadie hubiera mirado en su armario o bajo la cama antes de apagar la luz. Como si nadie se perdiera en ensoñaciones de vez en cuando. Como si matar a una amiga tuya fuese menos terrible si lo haces porque te cae mal.

Como si negar la realidad de que todos tenemos fantasmas nos librara de ser malvados de una u otra manera.

Me alegro mucho de haber besado a Slenderman anoche en la mejilla. Cuando terminó el documental. La piel de su rostro también es templada. Una buena piel para besar antes de acostarse. Él me acarició con esos tentáculos suyos y luego se fue por la ventana.

Una ventana muy real, os lo prometo.

 

Padres Tóxicos

FEAT-VIVIREsta es la traducción de un artículo que encontré ayer por pura casualidad. Creo que será de utilidad a muchas de las personas a las que conozco. Tanto como hijos, como en su faceta de padres (y viceversa).

La redacción no es impecable. Escribe una chica de 27 años dolida que empieza a asumir una epifanía. Creedme, es difícil escribir desde ese estado. He tratado de respetar su tono y sus idas y venidas. No siempre lo he conseguido.

Este es el enlace al artículo original

Recomiendo hacer click en el enlace al final del artículo para comprar el libro Padres que odian. La traducción del título es pésima. El original es Toxic Parents.

Espero que os sirva de ayuda.

Reconocer y admitir, que que tienes unos padres tóxicos puede ser dolorosamente difícil. La trampa está en que puede que te quieran y puede que tú también les quieras a ellos hasta la enfermedad. La toxicidad en la familia es algo de lo que los hijos se hacen conscientes después de alcanzar la edad adulta. La situación implica tanta vergüenza, tanta culpa autoinflingida y es sicológicamente tan delicada, que utilizamos todos los recursos a nuestro alcance para no verla. En muchas ocasiones es necesario haberse convertido en una persona adulta para desentrañar la realidad de lo que ocurrió cuando solo eras un niño. Se tata además de un proceso solitario porque los padres tóxicos negarán que son tóxicos por encima de todas las cosas,.

La clave para identificar a unos padres tóxicos es saber que existen diferentes tipos de toxicidad; desde la madre de Judy Garland, que la empujó hacia los escenarios sin piedad, hasta el tipo de padres ausentes. La Doctora Susan Forward, experta en el tema, identifica varios de estos tipos en su libro Toxic Parents (en español Padres que odian). Su análisis comienza en los padres alcohólicos, pasa por los padres inadecuados y llega hasta los que abusan verbalmente de sus hijos. Sin embargo, aunque hay padres tóxicos de todos los colores, algunos de los efectos que producen en sus hijos son comunes a todos ellos. Una persona con una madre súper protectora, otra con una madre ausente y una tercera cuya madre fuese drogadicta podrían tener varias cosas en común.

Yo me he dado cuenta muy tarde de que mis padres son tóxicos (tengo 27 años) y solo gracias a una gran cantidad de terapia, investigación y víctimas amables del mismo mal que han compartido conmigo su experiencia y me han ofrecido solidaridad. Si te sientes así, lee acerca de los padres tóxicos, pregunta a los expertos y buena suerte. Espero que al final del camino te aguarde una increíble, aunque dolorosa, revelación.

1.- Es difícil para ti establecer relaciones de sana confianza

Se trata de un problema básico. Si los padres, que se supone que deben ser los primeros en cuidarnos y en ayudarnos a desarrollar nuestra propia estructura interna, fallan en esto, si no pueden prestarnos este soporte inicial, entonces, cuando crezcamos, se nos hará muy difícil crear lazos con personas que sí nos lo ofrezcan; o seremos incapaces de creer que esas relaciones durarán. Debido al modelo en el que habremos sido educados (puede ser el de un padre furioso, o muy crítico o ausente o que exigía que fuésemos perfectos), no sabremos qué aspecto tiene una relación sana en la que el cuidado del otro esté presente y creeremos, de manera inconsciente, que todos nos tratarán como nuestros padres nos trataron.

Esto puede llevar al autoboicot, a un comportamiento destructivo para nuestras relaciones o a una amplia variedad de problemas de apego. La base de todos ellos es nuestra idea de que las relaciones siempre fallan, y esta idea existe  porque nunca hemos experimentado una relación sana y duradera.

2.- Te tomas el rechazo y el fracaso a la tremenda.

¿Eres de los que entra en estado shock traumático cuando suspendes un examen o cuando te rechazan un proyecto? Los hijos de padres tóxicos tienden a reaccionar de manera exagerada y a sentirse exageradamente tristes y decepcionados cuando obtienen cualquier resultado diferente de un éxito apoteósico.

Esto se debe a que carecen de lo que los terapeutas llaman “sustancia”: la parte de cada uno que se nutre del auto cuidado y que es capaz de asumir los golpes de la vida porque cada persona alberga la creencia en su propio valor. Se crea mediante años y años de reafirmación y seguridad y, sin ella, el más ligero toquecito tiene la capacidad de tirarnos por tierra. Nunca nos sentimos lo bastante buenos, no merecemos la pena, no tenemos valor, etc.

3.- A menudo tienes reacciones extremas que te confunden.

Claro que esto forma parte de la propia naturaleza humana, pero si a menudo te encuentras reaccionando de manera agresiva o te sacan de quicio cosas que aparentemente no tienen relación con nada que tenga que ver contigo, puede que lo que haya pasado es que ese algo se haya tropezado con los restos de una educación tóxica. Por ejemplo: puede que hayas decidido dedicar tu vida a alguna actividad que te llena por completo pero que no da mucho dinero, algo que sea tu sueño. Es tu sueño, lo adoras, pero te enfadas como una mona cada vez que alguien menciona que tu salario es muy bajo. Lo que pasa es que te has quedado en la desaprobación de tus padres acerca de lo poco que ganas y esto puede llevar a la culpa, la irritación, el miedo al abandono o la ira irracional.

Llevar un seguimiento a estas reacciones puede hacerte sentir que te estás volviendo loco. Muy a menudo son reacciones contrarias a tus decisiones conscientes y la mayor parte de las veces no tienes ni idea de dónde vienen. Si vienen de tus padres, es una señal de toxicidad.

4.- Tiendes a poner tus necesidades emocionales en último lugar

No importa si creciste con un padre física o verbalmente agresivo, una madre manipuladora u otro tipo cualquiera de padre tóxico de los que menciona la Dra. Forward. En tu entorno familiar tus necesidades emocionales siempre estarán en último lugar. Y es muy probable que tus decisiones emocionales se basen más en lo que esos padres pensarían de ellas que en tus necesidades reales. Estás acostumbrado a relegar tu dolor, tu ira o tu preocupación al último rincón de tu mente porque expresar cualquiera de ellos siempre te ha traído problemas.

5.- Te sientes a miles de kilómetros de tu verdadero yo.

Muchos hijos de padres tóxicos encuentran muy difícil saber quiénes son una vez que han crecido. Forward identifica las áreas en las que el autoconocimiento se queda corto: Quién eres, cómo te sientes y qué quieres. Has pasado tanto tiempo ocultando tus emociones y tus reacciones para lidiar con las arremetidas de tus padres que no has tenido la oportunidad de asistir a tu desarrollo como persona. Tu confusión y tu sentido de la distancia están muy arraigados en ti.

6.- Tu discurso interno es increíblemente crítico

Este es un punto clave. La publicación “Psychology Today” define la autoestima como el sentido del propio valor y los hijos de padres tóxicos suelen acusar un déficit agudo del mismo. Esto tiene que ver con el problema de la “sustancia” y de cómo los padres no  les dieron el soporte necesario para construir la base de la creencia en sí mismos. Pero va mucho más allá. Muchos hijos de padres tóxicos sufren de un discurso interno crítico en extremo que les dice (igual que lo hicieron sus padres) que son estúpidos, que no meren la pena, que son unos fracasados y, en general, una mierda.

Ten en cuenta que no es necesario que tus padres te hayan dicho nada de esto de manera explícita. El mensaje se puede entregar de formas muy diversas, desde el control del comportamiento (que te enseña que no eres capaz de controlarlo tú mismo), hasta la búsqueda de la perfección (que te enseña que nunca serás lo bastante bueno). Si tu autoestima sufre cuando estás cerca de tus padres o cuando recuerdas episodios de tu infancia, entonces puede que tengas un problema de toxicidad parental.

7.- A menudo te sientes responsable del comportamiento de tus padres.

Uno de los rasgos que parecen hermanar a los hijos de padres tóxicos es que, hasta que acuden a terapia, no se dan cuenta de lo que sus padres hicieron mal. Su dinámica familiar está tan enferma que no se dan cuenta de que no es sana ; para ellos las cosas “eran como eran”. Si tus padres te pegaban era para mantenerte a raya; si abusaban de ti verbalmente te lo merecías por tu actitud; si no se ocupaban de ti era que te estaban enseñando a ser independiente.

Los hijos de padres tóxicos son expertos en justificar por qué sus padres les trataron tan mal. Muchos de nosotros todavía queremos a nuestros padres y se nos ha enseñado, mediante un discurso constante y sólido, que el problema somos nosotros. Es muy duro alejarse de este punto de vista y atravesar la culpa y la vergüenza para entender que no fue culpa nuestra. Es duro, pero es posible.

Este es el enlace al libro Padres que Odian

Notas de suicidio

FEAT-ESCRIBIRLo último que hemos sabido es que las autoridades competentes han separado a Martes y a Sábado. El temor a que la semana se reduzca a únicamente tres días, la totalidad de los cuales sería laborable, no resulta infundado desde que se conocen los motivos de la muerte de Lunes y Domingo.

Por supuesto, la medida ha tenido sus repercusiones: todos sufrimos trastornos de sueño y esa sensación de pesadez en la cabeza que se deriva de la alteración de los patrones de descanso. De todas maneras, la mayoría de nosotros coincide en que es mejor haber cambiado la secuencia que correr el riesgo. Ahora las semanas comienzan en Miércoles, sigue el Martes, luego el Viernes más tarde el Jueves y por fin el Sábado.  Sospechamos que Miércoles puede convertirse en el nuevo Lunes y hemos iniciado una campaña de recogida de firmas para que esta posibilidad se tenga en cuenta.

La patronal se ha convertido en el mayor escollo a la hora de gestionar esta crisis de manera satisfactoria. Se escudan en lo que para ellos es un hecho: si los días de la semana se distribuyeran de manera aleatoria como nuestra asociación sugiere, no habría manera de determinar plazos de entrega, lo que causaría una gravísima crisis económica y la subsiguiente pérdida de puestos de trabajo.

Nuestra mayor preocupación es Miércoles. Su posición es delicada.

Hemos iniciado el diseño de una campaña de concienciación y denunciamos todos los memes y publicaciones que encontramos en redes sociales y que nos parecen peligrosos. Una corriente contraria a nuestra labor nos tilda de dueños de la verdad, odiadores profesionales y policías de lo políticamente correcto. Procuramos no hacer caso, pero no es agradable.

Al menos una vez al día uno de nosotros publica, desde cuentas no vinculadas a nuestros datos reales, las cartas de suicidio de Lunes y de Domingo. Las reproduzco aquí, de memoria. He perdido la cuenta de las veces que las he leído. Sigo emocionándome.

“Mi nombre es Domingo y seré breve, algo de lo que siempre me habéis acusado. Ya no puedo más. La presión a la que me habéis sometido desde la fecha de mi nombramiento como último día de la semana me ha deshecho por dentro. Lo único que he buscado siempre ha sido formar parte de vuestros mejores recuerdos, pero la mayoría de vosotros no se ha preocupado de crear esos recuerdos. Habláis de mí con rencor, como si fuera culpa mía que vosotros no supierais aprovechar mis horas. Me niego a asumir esa responsabilidad durante más tiempo. Os dejo, me acabo. Espero que aprendáis a apreciar al resto de mis compañeros. Y no olvidéis que es culpa vuestra, y sólo vuestra, que los años de vuestra vida se hayan reducido en cincuenta y dos días cada uno. Ojala pudiera despedirme con cariño, pero también me lo habéis robado.”

Domingo debió haber dicho ciento un días, aunque no sabía que su suicidio sería seguido por el de Lunes. La nota del primer día de la semana fueFEAT-VIVIR aún más breve: “Habéis llenado mis veinticuatro horas de amargura. Todo es culpa vuestra. Creced de una vez.”

Internet casi al completo nos acusa de haber falsificado ambos documentos.  Nada más lejos de la realidad. No se dan cuenta, los usuarios, de que cada cromo con un chiste acerca de lo doloroso del Miércoles le acerca más a su propia destrucción. Yo, Viernes, empiezo a sentir el peso de todas las expectativas acumuladas sobre mi; expectativas que en muchos casos no se cumplen y que me dejan en la boca un regusto ocre. Nos contemplo, a los cinco que quedamos, y me pregunto quién será el próximo en caer antes de que la humanidad aprenda hasta qué punto es limitado el tiempo.