Categoría: vivir

Balada del Caballero Estándar. Un poema dedicado a la Hacedora de Galletas, el Señor de la Coca Cola y la Dueña de la Llama

FEAT-VIVIREra el caballero estándar,

el de la figura igual,

un cualquiera de las justas;

en el cortejo, uno más.

De armadura bien pulida

y  modales adecuados

ponía mucho cuidado

en no destacar su altura,

ni ser gordo ni delgado.

Tuvo algunas aventuras;

ni muchas, ni pocas, más

que quien no salió de casa

y menos que el que tuvo más.

Encontró una damisela

vestida entera de verde

de todos bien conocida

como ComúnyCorriente.

El cortejo fue complejo

sin llegar a complicado;

una cosa de los medios

muy de estándar acuñado.

Tras lograr la mano ansiada,

aunque sin mucha agonía,

hubo boda, hubo banquete

sin despilfarrar comida.

Primero, segundo y postre

más el baile acostumbrado,

luna de miel en La Manga

y luego vuelta al trabajo:

aquí un duelo, allá un dragón

acullá una guerra justa,

un devolver su blasón

a los límites sabidos,

a la zona de confort,

antes de hacer tabla rasa.

Esta es la vida, en resumen,

de un buen caballero estándar.

¿Por qué te ofende que una charla sea de pago?

FEAT-VIVIRAyer asistí en twitter a un día de vorágine. Como soy una mujer blanca y cishet no la percibí como vorágine racista, pero sospecho que lo fue. Durante larguísimas horas, un montón de personas blancas insultaron y acusaron de diferentes atrocidades a una mujer negra.

¿El delito? Decir que cobraría por unas charlas acerca de racismo. Entiendo que se trata de charlas a favor de la erradicación del problema y que por tanto serían charlas pedagógicas. Entiendo, por tanto que se trata de pedagogía. Así, en pocas palabras: un curso o taller o charla, para ayudarnos a ser menos racistas; es decir, para ayudarnos a ser mejores personas.

¿Las acusaciones? Pues la más aséptica pero no por ello menos dañina fue la de capitalizar el activismo. Es decir, tratar de ganar dinero mediante el activismo.

¿Sabéis? Ni siquiera voy a entrar en profundidad en la defensa que más se ha recogido en las redes: que esta mujer negra, Negra Flor, se paga los viajes y por lo general el material y hasta los locales para dar esas charlas y que por tanto no obtiene beneficios. Ni hablaré de ese vicio absurdo que blancxs y negrxs compartimos y que es el de comer tres veces al día, salir vestidxs a la calle y mandar al colegio a nuestrxs hijxs.

No, hoy vamos a hablar de cobrar por el trabajo realizado.

Porque, veréis, no existe ninguna diferencia entre ir al sicólogx y asistir a una charla de raza. El sicólogx te arregla tus taras mentales (hablo así del trabajo de lxs sicólogxs porque soy paciente, no se me ofenda nadie. Es familiaridad) y negra Flor te arregla tus taras sociales. Ambxs tienen derecho a cobrar. Igual que cobra unx médicx. Mi hermana es médica y, además de curar a sus pacientes, a la colega le pagan un sueldo a fin de mes. Qué vergüenza, lxs médicxs, que deberían conformarse con salvar vidas. A lo mejor os parece que lxs activistxs negras no salvan vidas. Bueno, pues estáis equivocadxs. El racismo mata y mata a lo bestia, así que quienes que trabajan para erradicarlo trabajan por la vida. Desde mi punto de vista, además, trabajan por algo mucho más importante: trabajan por la vida digna de las personas racializadas. Y por desasnarnos a lxs blanquitxs, que tenemos mucho que aprender. Sobre todo porque sin ese desasnamiento, lo de la dignidad que decía antes, va a ser difícil.

Puede que todo lo que he dicho te parezca demagogia y que de verdad creas que la labor de sicólogxs y médicxs es sustancialmente diferente de la labor de lxs activistas. Puede que vayas a escribir un comentario hablando de los años de carrera universitaria que hacen falta para operar a corazón abierto. No sé tú, pero yo antes de que me contesten que seis u ocho años de carrera no son comparables a toda una vida siendo negra en un mundo de privilegios blancos, me lo pensaba.  Sobre todo si no conoces los blogs o el canal de youtube de la persona de quien estamos hablando.

Luego, para finalizar, está el asunto de siempre, el que no terminamos de interiorizar: si no quieres ir a una charla, no vayas. Ya está. No vayas. Pero deja a la conferenciante en paz.

Vale, y la última: piensa muy bien qué es lo que te pica tanto en todo este asunto: que te pidan dinero, que te pidan dinero por algo que tú consideras que es gratuito, que te lo pida una mujer, que te lo pida una mujer negra…  Yo no sé qué es lo que te ha ofendido tanto como para formar parte de la vorágine de ayer. No lo sé y no me interesa. Pero estaría bien que tú sí los supieras. Por si el motivo fuese bochornoso y lo quisieras trabajar.

Personajes LGBT en literatura y la historia de terror que esconde la pregunta de si “meterlos” en mi novela es “natural o no”

FEAT-VIVIRCuestiones previas

Vale la pena empezar este post advirtiendo que yo soy una mujer cishet y que por tanto escribo desde el privilegio. Ese privilegio se manifiesta en cosas como estas, que siempre he dado por supuestas:

  • Yo puedo ir por la calle con mi marido sin que nadie nos mire raro.
  • Yo puedo alquilar una habitación de hotel para compartirla con mi marido sin que me pongan pegas.
  • Yo puedo visitar Moscú y besar a mi marido en mitad de la Plaza Roja sin miedo a que me encarcelen.
  • Yo puedo visitar cualquier país europeo y besar en público a mi marido sin miedo a que me maten o me encierren en un campo de concentración.
  • Yo puedo ir de tiendas por Madrid sin que me expulsen de un centro comercial o sin que me den una paliza. Madrid, capital de España, 2017

Yo no tengo que pedir refugio a asociaciones como CEAR. Quizá no sepáis esto, pero en 2017 se están recibiendo más peticiones de asilo de personas LGBT que son perseguidas por su orientación sexual o por su identidad de género que de personas afectadas por el conflicto sirio.

Todo eso es cierto y, si en el resto de este post ofendo a alguien que no disfrute de todos esos privilegios, agradeceré que me lo haga notar. Porque me parece imprescindible, para acabar con los prejuicios, que todos seamos conscientes de que los tenemos, de cuáles son y de cómo terminar con ellos.

Lo que importa en una novela

Esto es opinable, claro, hablo aquí de lo que a mí me importa en una novela. Seguimos con los listados. Una novela debe:

  • Estar bien escrita. Seguir las normas de la ortografía y la gramática.
  • Obedecer a algún criterio estético (a ser posible el del autor)
  • Contar una historia interesante tanto para el propio autor como para los lectores (en ese orden). Entretener, vaya.
  • Contar con unos personajes no unidimensionales
  • Obedecer determinadas reglas de coherencia interna. O sea, tener sentido.

Se trata de un resumen y se puede hablar de cada uno de esos puntos largo y tendido, pero creo que sirven para establecer las bases de lo que diré a continuación. Seguro que me he dejado alguna cosa, como la originalidad.

Qué convierte a una novela en un panfleto o vehículo propagandístico

A riesgo de quedarme corta, diré que es propaganda toda obra pretendidamente artística cuyo único o principal objetivo sea servir de vehículo a la propagación de una ideología determinada.

¿Es panfletario introducir personajes LGBT en una novela?

No.

Formar parte del colectivo LGBT no es pertenecer a una ideología determinada. Esto queda muy claro, como casi todo, cuando le das la vuelta: ¿determina tu condición de cishet tu ideología?¿no? Pues eso, al revés tampoco.

¿Qué estás diciendo cuando dices que solo se pueden meter personajes LGBT en una novela si se hace de forma natural?

Estás diciendo bastantes cosas que no te gustaría que dijeran de ti mismo. Por ejemplo, estás diciendo que ser cishet es natural pero que ningún otro tipo de sexualidad o de identidad de género lo es. O sea, estás diciendo que las personas LGBT son ANTINATURALES. Que sí, que no es lo que quieres decir, pero es lo que estás diciendo.

Estás diciendo que las historias piden personajes cishet de serie, menos cuando por casualidades del destino piden un personaje LGBT. O sea, que estás diciendo que las personas LGBT son excepción. Esto es muy peligroso. Puede que no lo parezca, pero lo es. Porque casi todo se hace pensando en la mayoría, no en las excepciones. Lo que podría conllevar que la “excepción” que tú dices que es el colectivo LGBT se viera privada de derechos que asisten a la mayoría. Por ejemplo el derecho a firmar un contrato. Por ejemplo el contrato de matrimonio. Por ejemplo el contrato de adopción. O cualquier otro.

Estás diciendo que existe una diferencia esencial entre tú, que eres cishet, y una persona LGBT. Una diferencia esencial, de base, de fondo, una diferencia de las que justifica un trato diferente. Una diferencia que justifica una discriminación. Una diferencia que te hace pedir naturalidad extra a algo que ya es natural.

Porque las personas LGBT son… iba a poner naturales, pero es que no son huevos ecológicos ni quesos con denominación de origen, son personas. E introducir un personaje LGBT en una novela no implica NINGUNA ALTERACIÓN EN LA TRAMA. Ninguna, cero. Nada.

Conan, Indiana Jones o James Bond podrían haber sido perfectamente gays o trans. Podrían haber sido mujeres. Sin problema. Bruce Wayne podría haber sido perfectamente un hombre trans, sus escarceos amorosos y sexuales en sus películas no afectan en absoluto al desarrollo de los argumentos de las mismas. Xena podría haber sido una mujer trans lesbiana y haber tenido hijos con Gabrielle. Marty, en Regreso al Futuro podría haber tenido novio en lugar de novia. ¿Ciudadano Kane? Tal cual. Las novelas de aventuras hablan de aventuras y Ciudadano Kane habla de determinadas cualidades humanas. Como resulta que las personas LGBT son personas, pues tienen las mismas cualidades humanas que ¿quién? Acertaste: que las demás personas. Si estás buscando alguna excusa para contradecir este párrafo es que tienes sesgos de LGBTfobia.

No te preocupes, no pasa nada. Yo también los tengo y escribir este artículo es una forma de hacerme consciente de ellos para eliminarlos.

Ahora, la pregunta del millón:

¿Deben todos los autores incluir protagonistas LGBT en sus novelas?

No. No es un deber.

Cada uno debe escribir lo que le apetezca, que para eso escribe. Pero desde la conciencia de lo que está haciendo. No digas que tus protagonistas no son LGTB porque no sabes nada sobre ellos (son personas, tú eres una persona y te los estás inventando) o porque no te salen. A mí no me sale madrugar, pero me pongo el despertador. Di que no escribes protagonistas LGBT porque no quieres o porque a tu cabeza cishet le resulta incómodo. Di en voz alta que te sientes distintx a una persona LGBT. Y luego ya, si eso, piensa a ver por qué. A lo mejor descubres que es por prejuicios.

Personalmente sólo he escrito una novela con personajes LGBT y lo he hecho porque la novela habla del amor universal. Me parecía una estupidez hablar de amor universal desde la perspectiva del mismo amor de siempre, así que hice el esfuerzo de introducir perspectivas nuevas para mí. NUEVAS PARA MÍ. No vayamos ahora a caer en el error de creer que hemos inventado o descubierto la rueda.

Creo, por último, que es una cuestión de justicia abrir espacios. Creo que dar visibilidad, que normalizar, a las personas que no son cisheteronormativas es básico. Igual que es básico escribir personajes protagonistas femeninos. Igual que es básico dejar de utilizar las enfermedades mentales como objeto en historias de terror (ya sabes, el niño con una discapacidad intelectual que percibe cosas que otros no perciben debido a esa discapacidad).

Es básico salir de todos los clichés.

No es sencillo porque las personas que, como yo, nos asomamos al mundo desde el balcón del privilegio, no nos damos cuenta de hasta qué punto llevamos puestas unas gafas deformantes. Pero hacerlo, hacer el esfuerzo es enriquecedor. Para todos. Y merece la pena.

Para escribir este artículo y publicarlo tal y como está he contado con la ayuda de dos personas: por una parte @Gladiadora Artizar o @GladiadoraT , a quien he pedido asesoramiento para asegurarme de que no metía la pata. Porque está muy bien querer ser aliadx, pero la condición de aliadx no me la puedo dar yo, me la tienen que conceder aquellxs con quienes deseo aliarme. Ella aconseja que a la hora de escribir personajes trans consultemos con dos o tres activistas porque desde el privilegio es muy sencillo caer en transfobadas varias. Estoy de acuerdo.

También me ha ayudado, con una primera revisión y recomendándome a Gladiadora, la autora Andie Villar, que publicó hace unos días este artículo y a quien podéis encontrar en twitter, justo aquí.

 

#CerberoMadrid. Una experiencia metaliteraria en varias dimensiones.

FEAT-VIVIREditorial Cerbero invadió Madrid el pasado fin de semana. Invadió bares, parques, ferias del libro y locales autogestionados. Invadió sobre todo con permiso y con cierta inconsciencia. Doy gracias por esa inconsciencia que es sinónimo de ganas, o sea, que es sinónimo de ilusión pero sin la carga de cursilería asociada  (o que yo le asocio).

Esta es la crónica personal, y ojalá que transferible, de mi paso por este fin de semana y del poso que este fin de semana  ha dejado en mí. Otros habrán tenido otras experiencias y las contarán, o no. Otros habrán construido otras opiniones y las expondrán, o no. A mí me gustaría que lo hicieran.

Vayamos con los hechos:

Viernes 19 de mayo: presentaciones en el Beer Station

BEER STATION 1

Y digo presentaciones refiriéndome no solo a las de los libros de Cerbero, que eran las que se anunciaban en el cartel, sino a todas las demás. Por ejemplo lo de “Hola, me presento, soy Alicia”, que por fin pude decirle cara a cara a Marta Junquera. Hablamos poco porque somos mujeres de hábitos y por las redes también hablamos poco. Mi percepción es que poco fue suficiente. Me gustó Marta.

Me reí con Alberto Caliani. Esto seguro que es poco original, porque a mi alrededor todos se reían con Caliani, pero si tengo que elegir entre ser original y contar la verdad… Pues eso, que me reí mucho. Conocí también al señor que no tiene Facebook, que es muy discreto y nada intrusivo y habla muy bajito y solo bebe Heineken. Que diga lo que quiera: yo vi cómo se metía al menos cuatro botellines de Heineken entre pecho y espalda. Una cosa loca. Reconocí a Virginia de la Puente de puro churro (porque soy una horrible fisonomista) y lo curioso es que todos ellos y todos los demás me trataron como si también me conocieran. Fue una extraña sensación. Extraña y agradable, como apoyar la espalda en el radiador una tarde fría de invierno.

Luego llegó la charla acerca de identidad y género y un poco más tarde llegaron las presentaciones, las de los libros. Hablamos mucho desde detrás de la mesa iluminada con luces de color rosa que a mí me daban ganas de arrancarme por el Express Yourself de Madonna; pero lo mejor fue lo que hablaron desde fuera. Un público activo que daba ganas de achucharlo. Mi sensación es la que me queda siempre después de hablar en público: seguro que he dicho mucha tontería, pero bueno, la gente se reía en lugar de huir despavorida, así que no debió de ir del todo mal.

A mi derecha Lola Robles, muy ducha en poner los puntos sobre las íes, puso unos pocos y habló de identidades sociales. A mi derecha Miguel Santander tuvo que hacer lo posible para moderar lo inmoderable –qué delicia de hombre, qué modales, qué saber estar, hoygan- y más a mi izquierda Eduardo Vaquerizo habló con una especie de dejadez chispeante que me recuerda a algunos cómicos de esos que las matan callando. No soy capaz de dar con el que es.

Todo esto a media luz (rosa) y a la vera de cervezas varias. Puede que el público, de hecho, no huyera  porque había cerveza.

BEER DOS

Cuando la cosa estaba a punto de acabar, apareció Nieves Delgado y puso sus puntos también, pero sobre las IAs. Como Nieves es mi madre adoptiva en esto de adoptar a una autora 8que lo he repetido mil veces y me creo que lo sabe todo el mundo, pero lo mismo no, así que lo enlazo), y como hemos hablado mucho estas últimas semanas por la cosa de compartir eventos y editorial, tenía yo mis nervios agarrados al estómago. Pero la verdad es que Nieves es muy dulce (calla, loca, dirá. Por mucho que sepa que no soy yo de las de callarme). Dulce, asertiva, inteligente y observadora.

Durante la charla y más tarde, durante las cervezas, apareció Virginia Buedo. Alegrías te da la vida donde y cuando menos te lo esperas. Virginia presenta el día 25 en Alicante un libro de prosa poética. Alicantinos, acercaos a verla. Tiene mucha pinta de merecer la pena.

virginia

Amigos a los que hacía tiempo que no veía, amigos nuevos, amigos menos nuevos. Me sentí arropada y querida y aceptada que son cosas que por lo general no me siento.

Además (cof, cof) se vendieron todos los ejemplares de Barro que Israel Alonso acarreó con paciencia y donosura.

Sábado 20 de mayo: PIC NIC

¿Quién me lo iba a decir? Se juntó un puñado de gente amable y encantadora interesada en la tortilla sin cebolla y en la literatura. Siento infinito no recordar los nombres de todo. Lo siento mucho, muchísimo. Se acercó Amaya, mi compañera de curso de corrección de textos. Habría que mencionar a Teo Palacios que va por ahí sirviendo de nexo para que se conozcan gentes majas y adorables. Vino con Rafa, otro de esos raros especímenes amables y divertidos J. Pero también dos jugadoras de quidditch (ellas dicen que quidditch muggle, pero yo digo que no hay quidditch sin algo de magia, aunque sea residual), una empresaria en ciernes, Raúl Atreides con su patinete y su hija, @luluvonflama, que me tuvo engañada toda la mañana y mucha más gente. Con algunos ni siquiera crucé palabra. También vino mi amiga María, un cielete. Y… bueno, también se vendieron todos los ejemplares de Barro, así que Israel cada vez acarreaba menos.

PICNIC 2

Fue una mañana divertida, distendida, trasnshumanista, con galletas y un bollo malogrado. Creo que disfrutamos todos. Bueno, sé que yo disfruté mucho.

Sábado 20 de mayo: Feria del libro de Tres Cantos

O demostración empírica de que se puede decir casi casi casi lo mismo que se dice en tres horas usando solamente media. Fue rápido, intenso, y un poco loco. Tres Cantos es un lugar lleno de mosquitos que ahora viven mejor alimentados. También es un lugar donde la Librería Serendipias hace la vida más bonita y mejor.

Se nos cayó un señor de una silla y hubo un momento estelar en que la mitad de la sala estaba ocupada por mi fandom particular (marido, tías de mi marido, amiga de las tías de mi marido). Cada uno se sube la autoestima como considera. Y, bueno, algo vendimos. Más de lo esperado a decir verdad.

Fue en Tres Cantos donde me fijé por primera vez en las manos de Nieves Delgado, de dedos huesudos y alargados que mueve como alas articuladas de mariposas. Nieves hablaba y yo le miraba las manos y pensaba: si las subiera un poquito y el público las viera daría igual lo que dijera, porque son manos hipnóticas. Algo escribiré acerca de esas manos.

Aquí conocí al Sr. cascales, al Ser. Valenzuela y al inefable Sr. Redwood. Por favor, perdón por todos los nombres que no recuerdo. Por favor, por favor, por favor.

Domingo 21 de mayo: Eskalera Karakola. Presentaciones, feminismo y diálogo

karakola 2

Por fin alguien ha teorizado como es debido acerca del Viaje de la Heroína y no acerca del Viaje del Héroe. La semana que viene, creo, si no lo entendí mal, presentarán en el mismo sitio un libo de Elisa (no recuerdo el apellido pero subsanaré esto en breve) al respecto. Se habló de muchas cosas, pero esta es para mí la más importante.

Javier Castañeda de la Torre nos presentó y preguntó y resultó que Barro es fantasía Weird. Lo mismo lo es. Yo olvido enseguida lo que escribo, así que a saber lo que hay en esas pocas páginas.

Dos horas y media de charla y el aletear de las manos de Nieves no me deja recordar la mayor parte… En cualquier caso, salí con una larga lista de nombres y de puntos de vista. Amaya regresó a vernos, Virginia Buedo volvió a destacarse entre el público y luego todo se acabó.

En definitiva: un buen fin de semana que hace que este lunes se vea como borroso, como irreal. Y es que, ya me lo temía yo, nada es mejor que las cosas que no existen.

karakola 1

Ah, y soy como el jamón cocido, que tiene trazas de cacahuetes, pero yo con asperger. Y también soy una bestia mediática. Me voy a comprar un disfraz de leona, para la próxima 😉

Ahora soy una gatita agotada, pero pronto rugiré.

Abrazos y miles de gracias a todos. Con mención especial a Cristina Jurado, que no estuvo en  carne y hueso, pero que no nos dejó de la mano ni un momento. Corresponsal en Dubai para las redes sociales de Cerbero y media alma mater del vento.

 

 

Hay que matar las margaritas. Hay que salvar el mundo.

FEAT-VIVIRHa aparecido una flor en Facebook. Hace unos meses al pulgar azul se le añadieron unas pocas caras con expresiones de asombro, risa, enfado y tristeza. Además pusieron un corazón que significa “me encanta”. Y ayer una flor morada. Parece que para dar las gracias.

Esto no es nuevo en realidad. Ni siquiera lo ha inventado whatsapp, aunque sin duda ha sido esta aplicación la que ha llevado la popularidad de los emoticonos a niveles estratosféricos. A mí me gustan: me parecen divertidos, ahorran tiempo y casi nunca los uso para sustituir palabras. Soy más bien de las que los emplea para suavizar frases; ya sabes, como lo de eres imbécil, pero te lo digo desde el amor. Son divertidos, sí. La caca que sonríe es genial porque es una caca y sonríe, colega. Una mierda feliz, metáfora atrevida y de aplicación global donde las haya.

Lo que pasa es que estoy releyendo El cuento de la criada, de Margaret Atwood, una distopía cada día menos distópica en la que a las mujeres no se les permite leer. Los rótulos de las tiendas han sido sustituidos por dibujos: una chuleta donde antes decía carnicería, unos huevos y una vaca donde antes decía lechería, y así.

Y me pregunto si esto de comunicarnos con flores, corazones y emoticonos amarillos que whatsapp permite cambiar de tono para adaptarse a diferentes razas, no derivará en otra cosa. No inmediatamente, claro, sino a largo plazo.

La lectura es peligrosa. Lo decía yo misma hace poco hablando de 36, la novela corta de Nieves Delgado para Cerbero que me temo que no podría ser escrita con emoticonos. Una novela peligrosa porque obliga al lector a cuestionarse ciertas cosas y del autocuestionamiento nacen por lo general más preguntas que respuestas. Pero lo que se desean son respuestas y entonces lo que hay que hacer es leer más, aprender más. Así, cuanto más te preguntas cosas, más aprendes, cuanto más aprendes más sabes y cuanto más sabes menos manipulable eres.

Vivimos una época convulsa en la que no somos protagonistas. Yo soy una tía bastante ingenua, la verdad, y me siento traída y llevada como hoja al viento. Nadie me informa. De todas partes me hacen llegar opiniones. Y los medios de información tampoco me informan porque ni siquiera intentan contarme la verdad. Me cuentan lo que les interesa (a ellos o a sus dueños) que yo crea.

Sí, todos me dicen lo que debo creer y nadie se ocupa de lo que debo saber, así que tengo que hacerme cargo de mi propio conocimiento, de mi propia cultura. En el momento en que solo disponga de flores, corazones y caras amarillas y no de palabras más o menos complejas ¿qué capacidad para informarme, para prender, para saber, para crecer, para defenderme, tendré?

Hay que leer, hay que conseguir que los que no leen deseen leer. Hay que hacer un esfuerzo grande para que todos aquellos que no desean pensar deseen hacerlo. Joder, pensar es una mierda, pero es pensar lo que nos hace siquiera relativamente libres y relativamente más fuertes.

Esto es una responsabilidad de cada individuo y una responsabilidad aún más acusada en las personas que escriben para que otros los lean: escritores, periodistas, guionistas de comic, poetas, compositores, dramaturgos.

Hay que matar a las margaritas. Hay que salvar el mundo.

(Y yo ya si eso, debería dejar de venirme arriba, pero es que tengo mucho sueño)

 

 

Una historia de terror real: el trastorno reactivo del apego. Abrazad, insensatos.

FEAT-VIVIREn este momento yo debería estar escribiendo la emocionante historia de un Jesús enamorado, poseído por demonios, que se arrastra a través del desierto de Galilea porque Juan el Bautista ha creído que así podrá escapar de quienes le persiguen por haber matado a José, su padre.

Sin embargo, hay algo bello en la literatura por mucho que la literatura la firme Stephen King, que no es un hombre al que se suela relacionar con la belleza. Hacía ya un tiempo que no releía nada. Hay tanto nuevo, tanto bueno, tanto desconocido, tanto interesante, que he andado como pollo sin cabeza. Pero en septiembre estrenan la nueva versión de IT y quiero llegar con las cosas razonablemente recientes, pero no tanto como para no disfrutar de los huecos o licencias que se tome la película.

Hace  unas semanas, como cinco, terminé 22/11/63, que es una gran novela de amor, digan lo que digan quienes lo digan. En el primer tercio King hace que su protagonista pase por Derry y se encuentre con dos de los chicos de IT: Richie y Beverly. Además se complace en la recreación de la ciudad maldita, de lo que está muerto en esa ciudad. Se trata de un par de capítulos, pero bastaron para que la chica de catorce años que vive por ahí, en algún lugar entre mis riñones y mi laringe, se sintiera como si estuviera viendo las fotos del instituto. Casi no tengo fotos reales de aquella época y doy gracias porque fue una época horrenda, pero sí tengo recuerdos muy vívidos de algunas de las novelas que leí entonces. Por ejemplo, IT.

Con IT creé uno de los primeros vínculos literarios que recuerdo. El ejemplar de mi madre, comprado a Círculo de Lectores, corrió la misma suerte que el de El Señor de los Anillos, de la misma procedencia. Ahora están en mi casa, desvencijados, vividos, exprimidos, como todos los libros deberían estar. No en vano pasaron por las manos de al menos cuatro adolescentes y algunos pares de adultos ¿Si prefiero los libros nuevos? Me gusta el olor de la tinta, me encantan las librerías PERO no: prefiero los libros usados. De hecho yo no leo mis libros, los uso. Pinto, subrayo, escribo. Sé que esto me hace acreedora de una entrada VIP al infierno de los bibliófilos, pero así soy yo.

Creé vínculos gracias a Sherlock Holmes, Raistlin Majere, Frodo Bolson y Ben Hascom. Recuerdo en primer lugar la cara de idiota que se me quedó cuando descubrí que Mike Hanlon, el hombre que pone la trama de IT a rodar, era negro. Yo vivía en un pueblo de 12.000 habitantes del Valle de Ayala, donde la más morena era yo, que soy sólo un poco menos pálida que un cadáver. Recuerdo frases como que “la tortuga no pudo ayudarnos” claro, y el pasaje de la sangre que sale a borbotones del lavabo. Recuerdo a Bill el adulto pedaleando a duras penas en Silver. Lo recuerdo con la misma consistencia con la que recuerdo las vacaciones (reales) de aquel verano. Recuerdo los libros con mucho más cariño y mucho menos dolor que la vida.

Y sin embargo.

Sin embargo, por mucho que me emocione y que me parezca bello, sé que hay algo morboso e incorrecto en todo esto. Porque a veces me cuesta distinguir lo que es verdad de lo que no. Seguro que habéis leído eso que dicen de que el cerebro no es capaz de diferenciar entre que hagas unas abdominales y que visualices que las estás haciendo. Os suena ¿no? Yo diría que es falso. Igual que digo que en mi caso es cierto que mi cerebro no diferencia, a nivel emocional, lo que me pasa a mí de lo que les pasa a los personajes con los que me identifico.

Los sicólogos hablan de una cosa que se llama desapego. Existe un desapego bueno, que es el que te permite dejar marchar el dolor, o a la gente que no te merece. Es un mecanismo para superar los malos tragos. Y luego hay desapego del malo. No me haré la víctima: yo tengo de los dos 😉

Vale, el desapego negativo es el que a veces hace que me sienta muy muy mal. Y os lo cuento por si conocéis a alguien que lo tenga todo y a quien no entendéis cuando os dice que está triste, que se siente solo o que se siente feo. Para procurar que en vez de mirarle como a un bicho raro, le deis un abrazo. Un abrazo, no hace falta que le digáis que es guapo, listo e importante. Él ya lo sabe, pero no lo siente. Necesita sentirlo, así que abrazadle.

Y no valdrá con que le digáis nada porque esto del desapego malo es un poco como esas experiencias extracorporales que salen en las películas o en los libros: y entonces fue como si saliera de mi cuerpo y viera mi vida desde fuera. Yo veía lo que hacía, pero no parecía que fuese yo, sino otra persona.

Así es, ni más ni menos. Por algún motivo este efecto se desencadena y uno (en este caso yo), sabe que tiene una hermana guay, un sobrino nuevo al que tiene que conocer, un marido al que quiere con locura (y que la quiere con la misma locura), un trabajo razonablemente cómodo, cuatro gatitos que son cuatro amores, una bonita casa, un cuerpo sano, unos ojos bonitos, un pelo maleable, cierta inteligencia, algún talento para lo de contar historias, una red de amigos. Yo sé que tengo todo eso, pero es como si no fuera mío. No soy capaz de conectarme con todas esas cosas buenas. Como si se produjese un cortocircuito o como si hubiera venido el hombre del saco y las hubiera metido todas dentro de su bolsa.

Así que en mi cabeza solo quedan las cosas malas: las que dan miedo, las que dan vergüenza, las que no me gustan, las que me hacen sentir mal, los deseos incumplidos.

Si habéis leído Coraline, de Neil Gaiman, quizá os sea más fácil entenderlo: los padres reales de Coraline desaparecen y ella debe huir de la madre falsa, mala y hueca. Pues bien, yo me siento mala, falsa y hueca, como si me hubieran robado todo lo bueno.

Luego, de una manera también misteriosa, me reconecto conmigo y con mi vida y siento el amor y la alegría y me reconozco guapa, lista e importante.

Todo esto está relacionado con el trastorno reactivo del apego, que es malo, feo y alberga más horrores que la noche y también con la ciclotimia. En ocasiones no sientes nada bueno y por tanto cuando eres capaz de sentirlo, te lanzas a tumba abierta, ya sea a vivir en Derry o a enamorarte de Dylan McKey. Lo que haga falta con tal de que te quieran, lo que haga falta con tal de formar parte.

Así que ya sabéis: si conocéis a alguien que lo tenga todo para ser feliz y veis que está genuinamente hecho polvo, pasad de discursos: dadle un abrazo. El contacto es la mejor manera de conectar. El contacto une lo que el cerebro, a veces, desconecta.

 

 

 

Aquellos muertos que, por morir, no envejecieron

FEAT-VIVIRComo soy humana soy injusta y como soy injusta detesto a John Lennon. No me hizo nada. De hecho, ni siquiera le detesto a él especialmente, sino a las hordas de lennonistas que no se paran a pensar en lo que habría quedado del ídolo si no lo hubieran matado.

Motivos para detestarles no tengo. La verdad es que tampoco me han hecho nada. Como los mejores terroristas, me asusta lo que no comprendo y no comprendo el éxito de un tipo que a mí me pareció siempre mediocre. Y luego está lo de la pertenencia, claro. No me identifico con el fandom de Lennon, así que les odio. Es un mecanismo simple. Por eso procuro no hablar de él, porque me ciega la irracionalidad.

Además, yo he sido fan de varios muertos mucho más jóvenes que él, que al menos llegó a los cuarenta. He sido fangirl de Janis, de Jim y de Kurt (Hendrix me la sopló siempre, es lo que hay) y el otro día me di cuenta de que murieron hace 16 años. Es decir, hace 16 años yo tenía 27. Dios, a los 27 yo era una niñata impresentable. Tampoco es que sea menos niñata ni menos impresentable ahora. Ahora, cuando veo a gente de menos de treinta me siguen dando cierta ternura (los que no se manifiestan a primera vista como gilipollas integrales). Pero aquellos tres se ahogaron en sus drogas y nos dejaron bonitas y oscuras canciones que yo visito cuando me siento oscura y nada bonita.

Envejecen quienes se lo pueden permitir, supongo.

Qué poco respeto.

En cualquier caso, me pregunto qué habría sido de Cobain y de su rabia, de su dolor, si hubiera dejado la heroína. Qué habría sido de Janis o de Jim, de quiénes hoy me siento más lejos. Me pregunto si, pasado el mal trago de no haber muerto, habrían seguido viviendo y escribiendo bonitas y oscuras canciones. O si habrían muerto de todos modos.

Me pregunto si alguien habría escrito alguna canción atroz titulada Scream like Cobain en lugar de una que va de moverse como Jagger. Usted ya me entiende. O si ahora a Lennon se le conocería como la otra señora mayor, la que va de gira con Mccartney.

Death is merciful.

 

La angustia y el miedo que se aprenden. Esos, los que no dejan respirar.

FEAT-VIVIRHoy hablaremos de la angustia y del miedo.

Hoy hablaremos de acostarse con la convicción de que algo horrible pasará por tu culpa, porque has cometido un error.

No, no se trata de desencadenar una guerra mundial, sino una confrontación cualquiera, mucho más pequeña.

Veréis, para que la angustia sea real y el miedo resulte paralizador, primero hay que abonar el campo.

Pongamos un niño pequeño, o una niña; en esto del terror tanto da un género como otro.

Pongamos una pequeña persona de uno, dos o tres años de edad. Una persona muy pequeña con un control muy escaso de sus emociones y por tanto de sus reacciones. Una persona con sus ojos, sus manitas suaves y toda la curiosidad de alguien que acaba de llegar al mundo, que empieza a andar, que se pone de puntillas como en precario y a lo  mejor ni siquiera alcanza a que le asomen los dedos por encima del mostrador de la cocina.

¿Os la habéis imaginado ya? ¿Y os da ternura?

Pongamos que esa personita hace sus cosas de personita: a lo mejor se hace pis, o a lo mejor tiene una rabieta por algo que no puede explicar porque todavía no habla. A lo mejor es torpe y se tropieza a menudo. A lo mejor es una persona cantarina o se divierte golpeando sus juguetes porque, no nos engañemos, no hay mucho más que se pueda hacer a esas edades. Y si no lo creéis,  acercaos a una tienda de juguetes: todo son formas redondeadas, colores vivos y sonidos nuevos.

Pongamos que todo lo que hace se convierte en motivo de reconvención. No hablo de grandes broncas (aunque puede ser que se den), sino de regañinas, de malas caras, de privaciones (no jugaré contigo porque has hecho ruido y me has molestado), de ausencias (no te querré porque te has ensuciado), de amenazas (si se vuelve a repetir, te vas a enterar; tú no sabes lo que vale un peine; que no me entere yo de que vuelve a pasar esto).

No tengo que deciros quién posee el poder absoluto para convertir todas esas pequeñas cosas, que son pequeñas, que son humanas, en herramientas de coerción de la voluntad. Lo sabemos todos.

Pongamos que esa personita encuentra un nicho de elogios (de besos y abrazos no; digo de elogios y sonrisas).

Pongamos que esos elogios vienen de la mano de unos números que van desde el siete hasta el diez porque los que van desde el cinco hasta el siete son pura mediocridad y no existe vida por debajo del número cinco.

La cuestión es que esa pequeña persona crece y lo que sabe de sí misma es que su curiosidad molesta a las personas de las que depende, que cuando hace ruido incomoda a esas mismas personas pero que el reconocimiento por lo que aprende le reporta sonrisas. Así establece la identidad entre el resultado y el amor. Crece por tanto pensando que lo que hace de manera natural es incorrecto y sabe, además, que esos errores suyos dan lugar a castigos, mientras que un buen resultado reconocido por alguien ajeno a ella misma, da lugar a cierto bienestar.

Espero no ser la única que se de cuenta de que crecer así determina el modo en que cualquiera se enfrenta a las novedades: a la escuela, al instituto, a un primer trabajo o solo a un trabajo nuevo.

Espero no ser la única que ve con claridad que cada vez que una persona grande educada como una de esas personas pequeñas de las que hablaba hace unas líneas revive cada vez que se equivoca los castigos, las privaciones de amor, el sentimiento de inadecuación. Espero que me acompañéis también en el entendimiento de la fragilidad de lo bueno, que depende siempre del juicio de otros, que no es estable ni duradero.

Espero que comprendáis todos que es de ahí –en los casos a los que me refiero. Hay otros cuadros, otros ejemplo, otras causas para la autoestima destrozada-, de donde surgen la angustia y el miedo que a algunos no nos deja respirar por las noches, que convierte la vida en una sucesión dolorosa de días con sus noches, a veces en blanco, a veces pobladas de pesadillas. Es de ahí de donde surge, cuando hay suerte, la literatura verdadera.

A quien madruga…

FEAT-VIVIRNo os voy a engañar: levantarse temprano para ir a trabajar me horroriza. La sola idea de tener que ganarme la vida (coño, pero si ya la tengo, y sin haberla pedido) me horroriza. Yo he nacido para el ocio, como muchos.

De todas formas, el metro, que es mi mayor fuente de ideas y de experiencias extrañas, a veces me sorprende con bonitos episodios mañaneros. Por ejemplo hoy. Hoy subía por el tramo de escaleras no mecánicas de mi estación de destino con los auriculares diciéndome cosas inofensivas y el Kindle encendido en una compilación de cuentos de Alice Munro cuando, de repente, he levantado la vista y he visto a un chico  (o una chica muy delgada, no puedo asegurarlo) que se ponía a sonreír como loc@, miraba a la derecha y alzaba el brazo, puño cerrado, tatuaje tribal en el antebrazo.

A la derecha de las escaleras se suele colocar un músico que a veces me despierta con la banda sonora de Juego de Tronos, así que me he quitado un auricular para ver qué sonaba hoy y ahí estaba: Star Wars a todo trapo a las ocho y media de la mañana, el túnel pintado de verde, mis tacones altos incómodos a esas horas, el chico o la chica con sus vaqueros caídos, sudadera negra, pelo corto revuelto, sonrisa de partir la cara en dos, el puño en alto, el tatuaje, su chica (esta era una chica) gordita, con vaqueros salpicados de lejía y cara de sueño. Y en el momento cumbre de la obra de John Williams, ya en las escaleras mecánicas, se han abrazado, se han besado con pasión y la vida ha vuelto a la más insulsa normalidad.

Y ahora seguimos con la mañana, señoras y señores.

Adopta a una autora: la antítesis de un relato de terror machista.

FEAT-VIVIR¿Cuántas de vosotras, cuántos de vosotros, habéis dicho alguna vez eso de que las peores enemigas de las mujeres son las mujeres?

Pocas cosas hay que me hastíen tanto como esa afirmación.

La última conversación que tuve al respecto, en Facebook, hace ya algunos meses,  terminó con el cruce de dos mensajes entre otra mujer y yo. Yo había dicho que en mi vida profesional las mujeres jamás me habían apuñalado por la espalda. Ella contestó que qué buena suerte había tenido, que su experiencia era otra muy distinta. Mi último mensaje fu: qué mala suerte has tenido, mi experiencia ha sido la que ha sido.

No, las mujeres no somos nuestro peor enemigo. Se me cae la lengua a trozos y las yemas de los dedos se me despegan de decir que las mujeres hemos sido educadas en el mismo sistema lamentablemente machista que los hombres. No tenemos más responsabilidad que ellos de vivir donde vivimos ni debemos exigir a una mujer mayor conciencia feminista que a un hombre. Eso, queridas y queridos, es machista.

¿Que nos duele más contemplar cómo una mujer obedece las reglas del heteropatriarcado este? Pues claro, que nos duele.  Pero hay que distinguir entre lo que deseamos y el reparto de responsabilidades por lo que no obtenemos. Si hombres y mujeres deben disfrutar de igualdad de oportunidades y derechos, esa igualdad hay que aplicarla a la responsabilidad de educarse en el feminismo (y al derecho a no hacerlo, ellos y ellas sabrán).

En cualquier caso, venía yo a hablar hoy de una iniciativa surgida de un grupo de mujeres que beneficia directamente a otras mujeres (y luego ya a todo el mundo): Adopta a una autora. Un proyecto que consiste en dar visibilidad a la literatura escrita por mujeres. Hombres y mujeres por igual tienen la oportunidad de sumarse a este proyecto adoptando a una autora. La adopción, que se realiza rellenando el formulario de la web, consiste en (cito el blog del proyecto): “El objetivo del proyecto Adopta una autora es dar a conocer la vida y obra de autoras pertenecientes a todas las épocas, nacionalidades, lenguas, géneros literarios y formatos de lectura. Para ello, una persona adopta a la autora de su elección para hablar de ella todo lo que pueda y más. Este proyecto es de larga duración. Estamos hablando de meses, incluso años. Hay que dedicarle tiempo, esfuerzo y muchas ganas.

Como su nombre indica, «Adopta una autora» consiste en adoptar a una escritora durante un periodo indefinido de tiempo en el que hablarás, escribirás y compartirás información sobre su vida y obra. El objetivo es promover, difundir y dar a conocer a la escritora que adoptes.

La colaboración no tendrá ningún tipo de remuneración económica.”

Es decir: hombres y mujeres (muchas mujeres por lo que he visto en la lista de autoras adoptadas, entre las que me encuentro) trabajan gratis para beneficio de otras mujeres.

Habrá quien diga que sí, pero que esto no invalida todas esas experiencias propias en las que horribles mujeres de la especie trepa han apuñalado por la espalda a otras mujeres en entornos laborales. Me da una pereza increíble hablaros de que eso no es una cuestión de ser o no malas mujeres, sino una pura cuestión de cultura del trabajo. A ver si ahora los peores enemigos de los hombres van a ser los hombres trepas. No: los peores enemigos de los trabajadores no son los otros trabajadores.

Claro, que es lunes.

Centrémonos. Para colaborar con esta autora en particular (donde colaborar significa ayudarla a que siga escribiendo), puedes dirigirte aquí.